No es casualidad que
haya gente fanatizada con el actual culto Woke de la izquierda: La izquierda
siempre odió a las religiones porque ella misma lo es. Marx, lo dijeron sus críticos,
fue un profeta. Paradoja: Su acérrimo materialismo despojaba al ser humano de
toda dimensión trascendente, pero para ofrecerle inmediatamente creencia,
santidad, paraíso terrenal y restauración utópicas. El marxismo es una creencia
irracional refractaria a toda evidencia. El comunismo ha producido en el siglo
XX 100 millones de muertos, pero aún conserva fieles seguidores gracias a su impermeabilidad
irracional.
Reproducimos este
artículo, de Murray Rothbard: https://www.mises.org.es/2017/08/marx-como-comunista-milenarista/
La clave del sistema
intrincado y masivo de pensamiento creado por Karl Marx es en el fondo muy
sencilla: Karl Marx era un comunista.
Una declaración
aparentemente trivial y banal comparada con la multitud de conceptos en jerga
marxista sobre filosofía, economía y cultura, pero la devoción de Marx por el
comunismo fue su enfoque crucial, mucho más esencial que la lucha de clases, la
dialéctica, la teoría de la plusvalía y todo lo demás.
El comunismo era el
gran objetivo, la visión, el desiderátum, el fin último que haría que hubieran
merecido la pena los padecimientos de la humanidad a lo largo de la historia.
La historia era la historia del sufrimiento, de la lucha de clases, de la
explotación del hombre por el hombre. De la misma manera que el regreso del
Mesías, en la teología cristiana, pondría un fina a la historia y establecería
un nuevo cielo y una nueva tierra, el establecimiento del comunismo pondría fin
a la historia humana.
E igual que para los
cristianos posmilenaristas el hombre liderado por los profetas de Dios y los
santos establecería un Reino de Dios en la Tierra (para los premilenaristas,
Jesús tendría muchos ayudantes humanos para establecer dicho reino), para Marx
y otras escuelas de comunistas, la humanidad, liderada por una vanguardia de
santos seculares, establecería un reino secularizado del cielo en la Tierra.
En los movimientos
religiosos mesiánicos, el milenio lo establece invariablemente un levantamiento
poderoso y violento, un Armagedón, una gran guerra apocalíptica entre el bien y
el mal. Después de este conflicto titánico, se instauraría sobre la Tierra un
milenio, una nueva era de paz y armonía, un reino de la justicia.
Marx rechazaba
enfáticamente a esos socialistas utópicos que buscaban llegar al comunismo
mediante un proceso gradual y evolucionista, mediante un avance constante del
bien. Por el contrario Marx se remitía a los apocalípticos, los posmilenaristas
coactivos anabaptistas alemanes y holandeses del siglo XVI, a las sectas
milenaristas durante la Guerra Civil Inglesa y a los diversos grupos de
cristianos premilenaristas que preveían un sangriento Armagedón en los Últimos
Días, antes de que pudiera establecerse el milenio.
De hecho, como los
posmilenaristas apocalípticos rechazaban esperar que una bondad y santidad
natural impregnara gradualmente a la humanidad, se unieron a los
premilenaristas en creer que solo una lucha final violenta y apocalíptica entre
el bien y el mal, entre santos y pecadores, podría dar paso al milenio. Una
violenta revolución mundial, en la versión de Marx a realizar por el
proletariado oprimido, sería el instrumento inevitable para la llegada de su
milenio, el comunismo.
De hecho, Marx, como
los premilenaristas (o “milenarianos”) llegó a sostener que el reino del mal en
la tierra llegaría a su máximo justo antes del apocalipsis (“la oscuridad antes
del amanecer”). Para Marx, como para los milenarianos, escribe Ernest Tuveson,
El mal del mundo debe
llegar a su máximo antes de que, en un gran levantamiento completo de raíz, sea
eliminado. (…)
El pesimismo milenario
acerca de la perfectibilidad del mundo existente está cruzado por un optimismo
supremo. La historia, cree el milenario, opera de tal manera que, cuando el mal
ha llegado a su máximo, la situación desesperada se invertirá. Se restablecerá
lo original, el verdadero estado armonioso de la sociedad, en algún tipo de
orden igualitario.[1]
Al contrario que los
diversos grupos de socialistas utópicos, y en común con los mesiánicos religiosos,
Karl Marx no explicaba con ningún detalle las características de su futuro
comunismo. Por ejemplo, no le importaba a Marx explicar el número de gente en
su utopía, la forma y ubicación de sus casas o el patrón de sus ciudades. En
primer lugar, hay un aire típicamente alocado en las utopías que son descritas
por sus creadores con un detalle preciso. Pero igualmente importancia es que
explicar los detalles de la sociedad ideal propia elimina el elemento clave de
pasmo y misterio del supuestamente inevitable mundo del futuro.
Pero ciertas
características son en general iguales en todas las visiones del comunismo. Se
elimina la propiedad privada, se destierra el individualismo, se aplasta la
individualidad, toda la propiedad es propiedad y está controlada comunalmente y
las unidades individuales del nuevo organismo colectivo se hacen de alguna
forma “iguales” entre sí.
Los marxistas e
investigadores del marxismo han tendido a olvidar la centralidad del comunismo
en todo el sistema marxista.[2] En
el marxismo “oficial” de las décadas de 1930 y 1940, se menospreciaba el
comunismo a favor de una supuesta insistencia “científica” sobre la teoría del
valor trabajo o la interpretación materialista de la historia. Y la Unión
Soviética, incluso antes de Gorbachov, al tratar los problemas prácticos del
socialismo, trataba el objetivo del comunismo más como algo embarazoso que
cualquier otra cosa.[3]
Igualmente,
estalinistas como Louis Althusser rechazaban el enfoque de Marx anterior a 1848
sobre el “humanismo”, la filosofía y la “alienación”, por anticientífico y
pre-marxista. Por otro lado, en la década de 1960 se puso de moda entre los
marxistas de la Nueva Izquierda, como Herbert Marcuse, rechazar al posterior
Marx “economista científico” como un preludio racionalista para el despotismo y
una traición al anterior enfoque de Marx en el humanismo y la “libertad”
humana.
Por el contrario, yo
sostengo, con el creciente consenso en los estudios marxistas[4] que,
al menos desde 1844 y posiblemente antes, solo hubo un Marx y
que ese Marx, el “humanista”, estableció el objetivo que buscaría el resto de
su vida: el triunfo apocalíptico del comunismo revolucionario. En este punto de
vista, la exploración posterior de Marx en la economía del capitalismo era
meramente una búsqueda del mecanismo, la “ley de la historia”, que
supuestamente hace inevitable un triunfo así.
Pero en ese caso, se
hace vital investigar la naturaleza de este supuestamente humanista objetivo
del comunismo, cuál podría ser el significado de esta “libertad” y si estaba o
no implícito el macabro historial de los regímenes marxistas-leninistas del
siglo XX en la concepción marxista básica de la libertad.
El
marxismo es un credo religioso. Esta
declaración ha sido común entre los críticos del Marx y, como el marxismo es un
enemigo explícito de la religión, esa paradoja aparente ofendería a muchos
marxistas, ya que desafía claramente el testarudo materialismo científico en el
que se basaba el marxismo. Actualmente, extrañamente, en una época de teología
de la liberación y otros escarceos entre el marxismo y la iglesia, los propios
marxistas a menudo se apresuran a hacer esa misma proclamación.
Indudablemente, una
forma evidente en que funciona el marxismo como religión es en hasta dónde
llegan los marxistas para preservar su sistema frente a errores o falacias
evidentes. Así que, cuando las predicciones marxistas fallan, aunque
supuestamente deriven de las leyes científicas de la historia, los marxistas
hacen grandes esfuerzos por cambiar los términos de la
predicción original.
Un ejemplo notorio es
la ley de Marx del empobrecimiento de la clase trabajadora bajo el capitalismo.
Cuando quedó demasiado claro que el nivel de vida de los trabajadores bajo el
capitalismo industrial estaba aumentando en lugar de bajar, los marxistas
recurrieron a la idea de que lo que Marx “realmente” quería decir con
empobrecimiento no era miseria, sino privación relativa. Uno de los
problemas de esta defensa desesperada es que el empobrecimiento se suponía que
iba a ser el motor de la revolución proletaria y es difícil ver a los
trabajadores recurriendo a una revolución sangrienta porque solo disfrutan de
un yate cada uno mientras los capitalistas disfrutan de cinco o seis.
Otro ejemplo notorio
fue la respuesta de muchos marxistas a la demostración concluyente de
Böhm-Bawerk de que la teoría del valor trabajo no podía valer para dar precio a
los bienes bajo el capitalismo. De nuevo, la respuesta a la defensiva fue que
lo que Marx “realmente quería decir”[5] no
era explicar los precios del mercado en absoluto, sino simplemente afirmar que
las horas de trabajo incorporaban algún tipo de “valores” místicamente
inherentes en los bienes que, sin embargo, eran irrelevantes para el
funcionamiento del mercado capitalista. Si esto fuera verdad, es difícil ver
por qué Marx trabajó durante gran parte de su vida en un intento sin éxito de
completar El capital y resolver el problema del valor-precio.
Quizá el comentario
más apropiado sobre los frenéticos defensores de la teoría del valor de Marx es
el del siempre agudo y delicioso Alexander Gray, que también toca otro aspecto
de Marx como profeta religioso:
Ver a Böhm-Bawerk o a
Mr. [H. W. B.] Joseph descuartizando a Marx no es sino un placer pedestre, pues
estos no son sino escritores pedestres, que son tan pedestres como para
agarrarse al simple significado de las palabras, no dándose cuenta de que lo
que realmente quería decir Marx no tiene una relación necesaria con lo que Marx
innegablemente dijo. Ver a Marx rodeado por sus amigos es, sin embargo, un
placer de un nivel completamente distinto. Pues está bastante claro que ninguno
de ellos sabe realmente lo que Marx realmente quería decir; tienen incluso
dudas considerables sobre de qué estaba hablando; hay indicios de que el propio
Marx no sabía lo que estaba haciendo.
En concreto, no hay
nadie que nos diga qué quería decir Marx al hablar del “valor”. El capital,
es, en un sentido, un tratado en tres tomos, exponiendo una teoría del valor y
sus múltiples aplicaciones. Pero Marx nunca se digna decir lo que quiere decir
al hablar del “valor”, lo que consiguientemente es lo que cualquiera quiera
pensar al seguir el rollo que se despliega desde 1867 a 1894. (…)
¿Nos preocupan Wissenschaft,
lemas, mitos o encantamientos? De Marx se ha dicho que era un profeta (…) y
quizá esta sugerencia proporcione la mejor aproximación. No se aplican a
Jeremías o Ezequiel los mismos exámenes a los que están sometidos hombres menos
inspirados. Quizá el error que han cometido el mundo y la mayoría de los
críticos es solo que no han considerado lo suficiente a Marx como profeta: un
hombre por encima de la lógica, diciendo palabras crípticas e incomprensibles,
que cada hombre puede interpretar como prefiera.[6]
[1] Ernest L.
Tuveson, “The Millenarian Structure of The Communist Manifesto“, en
C. Patrides y J. Wittreich, eds., The Apocalypse in English Renaissance
Thought and Literature (Ithaca, N.Y.: Cornell University Press, 1984),
pp. 326–327. Tuveson especula con que Marx y Engels pueden haber estado
influidos por el estallido de milenarismo en Inglaterra durante la década de
1840. Sobre este fenómeno, especialmente el florecimiento en Inglaterra y
Estados Unidos de los milleristas, que preedcían el find el mundo el 22 de
octubre de 1884, ver la obra clásica sobre milenarismo moderno: Ernest R.
Sandeen, The Roots of Fundamentalism: British and American
Millenarianism, 1880–1930 (Chicago: University of Chicago Press,
1970). Ver Tuveson, “Millenarian Structure”, p. 340, n. 5.
[2] Así en la obra muy considerada de Thomas
Sowell, Marxism: The Philosophy and Economics (Londres: Unwin
Paperbacks. 1986), apenas se presta ninguna atención al comunismo.
[3] El libro oficial de texto sobre el marxismo
trataba su propio objetivo declarado con un brusco rechazo, insistiendo en que
todos los soviéticos debían trabajar duro y no saltarse ninguna “etapa” en el
largo camino hacia el comunismo. “El PCUS [Partido Comunista de la Unión
Soviética], siendo un partido de comunismo científico, avanza y resuelve el
problema de la construcción comunista a medida que los requisitos materiales y
espirituales para esta quedan listos y maduran, estando guiados por el hecho de
que no deben saltarse las etapas necesarias de desarrollo”. Fundamentals
of Marxism-Leninism, 2ª rev. ed. (Moscú: Foreign Languages Publishing
House, 1963), p. 662. Ver también ibíd., pp. 645–646, 666–667 y 674–675.
[4] Ver el ilustrativo trabajo de Robert C.
Tucker, Philosophy and Myth in Karl Marx (1970, Nueva York:
Cambridge University Press, 1961).
[5] Lo que Marx realmente quería decir fue
el título de una obra simpatizante con el marxismo de G. D. H. Cole (Londres,
1934).
[6] Alexander Gray, The Socialist Tradition (Londres:
Lougmans Green, 1946), pp. 321–322.