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Espacios seguros, trigger warning y hate speech

 

Sabemos que la cultura woke es la Coca Cola cultural que el kirchnerismo tiene la amabilidad de importar para todxs nosotrxs.

Por eso tenemos que ir preparándonos para lo que se viene y aprender lo que es el “avance” frente al “retroceso”.

Los trigger warning son advertencias de que en un aula o espacio público se están discutiendo temas que podrían herir la sensibilidad de ciertas personas. Esas personas, para no resultar traumatizadas, pues “algunos estudiantes sufren ataques de ansiedad o necesitan hablar con un terapeuta después de un evento desencadenante”, acuden a refugiarse en los llamados “espacios seguros”.

Los activistas woke proponen que, si una clase puede resultar traumatizante, se envíe a los estudiantes un email la noche anterior para prevenirlos.

La periodista y profesora Shaheen Pasha:

“La universidad no es un espacio seguro. Nunca fue la intención de ser. Es un lugar donde los debates pueden volverse acalorados y desagradables y las crueles realidades del mundo se derrumban sobre los estudiantes, preparándolos para el discurso muy real que enfrentarán al graduarse. Es un momento para salir del capullo protector de la infancia y enfrentar el hecho de que el mundo puede ser un lugar desagradable”

Como profesor universitario, respeto y admiro profundamente las convicciones de los apasionados estudiantes activistas del campus que quieren crear un mundo mejor. Te saludo y te apoyo. Pero una vez que el activismo interfiere con los derechos de los demás y los obliga a compartir tus creencias, el liberalismo bien intencionado puede adquirir una fea sombra de autoritarismo.

https://medium.com/@profpasha/trigger-warning-this-article-may-piss-you-off-194f15497936#.y5dg0gmv7

 

Eugenio Monjeau

Licenciado en Filosofía (UBA). Master en Educación (Universidad de Harvard):

 

LA OBSESIÓN DE MUSEOS Y UNIVERSIDADES POR CREAR LUGARES SEGUROS EN LOS QUE NO PUEDA HABER IMÁGENES O PALABRAS QUE HIERAN LA SENSIBILIDAD DE LAS MINORÍAS ES INFANTILIZANTE Y ANTIINTELECTUAL.


En 2008, la Universidad de Indiana encontró culpable de acoso racial a un estudiante blanco por estar leyendo en el campus un libro titulado Notre Dame vs. The Klan, en el que se rinde homenaje a los estudiantes que enfrentaron al Ku Klux Klan cuando marchó en la Universidad de Notre Dame en 1924. Lamentablemente para el joven lector, en la tapa del libro aparecía una imagen de una manifestación del Klan. Un compañero lo denunció por sentirse ofendido, y tras esa denuncia fue declarado culpable por la Oficina de Acción Afirmativa de la Universidad.

En los últimos años, distintos grupos de estudiantes reclamaron que se los advirtiera antes de la lectura de libros como Mrs. Dalloway, de Virginia Woolf, por sus “inclinaciones suicidas” (esto pasó en la Universidad Rutgers), y las Metamorfosis de Ovidio, por “acoso sexual” (en la Universidad de Columbia). Otro ejemplo: en la Universidad de Columbia existe un curso llamado “Obras maestras de la literatura y la filosofía occidental”. De acuerdo con la universidad, el curso se propone abordar “las más complicadas preguntas acerca de la experiencia humana”. En 2015, cuatro estudiantes escribieron un ensayo en el diario universitario argumentando que los alumnos “deben sentirse seguros en el aula”, pero que “muchos textos del canon occidental” están “forjados con historias y narrativas de exclusión y opresión” y contienen “material ofensivo y provocador (triggering) que marginaliza identidades estudiantiles en el aula”. Algunos estudiantes dijeron que estos son tan desafiantes de leer y discutir que los profesores deberían lanzar advertencias de material ofensivo (trigger warnings) y proveer apoyo a los estudiantes afectados (triggered).

Algunos estudiantes dijeron que éstos son tan desafiantes de leer y discutir que los profesores deberían lanzar advertencias de material ofensivo.

Todos estos ejemplos (y decenas más) pueden leerse en el libro de Jonathan Haidt y Greg Lukianoff titulado La transformación de la mente moderna (su título original es The Coddling of the American Mind, cuya traducción más precisa es Mimando a la mente americana), ampliación de un artículo que ambos habían publicado con el mismo nombre en The Atlantic en 2015 (el nombre homenajea a la vez al clásico de Allan Bloom El cierre de la mente moderna [The Closing of the American Mind], una encendida crítica del relativismo cultural imperante en las universidades estadounidenses de la década de 1980). En su libro, Haidt y Lukianoff se ocupan de describir “Tres Grandes Falsedades” cada vez más usuales en la academia estadounidense:

1. La falsedad de la fragilidad: “Lo que no te mata te hace más débil”.
2. La falsedad del razonamiento emocional: “Siempre confiá en tus sentimientos”.
3. La falsedad de nosotros versus ellos: “La vida es una batalla entre gente buena y gente mala”.

Haidt y Lukianoff aclaran que si bien hay muchas otras falsedades, las Tres Grandes Falsedades cumplen estos criterios: contradicen la sabiduría antigua recogida en la literatura de muchas culturas (el libro repetidamente vuelve a las enseñanzas de Sócrates, los estoicos, o el budismo, entre otras corrientes); contradicen las investigaciones psicológicas contemporáneas acerca del bienestar (en particular, de la terapia cognitivo-conductual); dañan a los individuos y a las comunidades que las enarbolan. En una tesitura parecida a la de Bloom, Haidt y Lukianoff advierten: “La cultura de muchos campus universitarios se volvió ideológicamente uniforme, lo que pone en riesgo la capacidad de los académicos de buscar la verdad, y de los estudiantes de aprender de un conjunto amplio de pensadores. Han proliferado extremistas de izquierda y de derecha, provocando en el otro niveles siempre renovados de odio”.

La novedad de los movimientos actuales es que plantean sus demandas en términos sanitarios. Sostienen que se verán “lastimados” si tal orador da su charla, o si se da tal texto como parte de un programa de lectura.



Hay varias diferencias entre los grupos surgidos al calor de estas Grandes Falsedades y el activismo estudiantil tradicional. En las décadas de 1960 y 1970 era habitual que grupos de estudiantes universitarios boicotearan charlas de intelectuales por estar en contra de las ideas que proponían. En la década de 1990, muchos estudiantes tomaron partido en las canon wars que buscaron volver más diversos los programas de distintas materias universitarias. La novedad de los movimientos actuales es que plantean sus demandas y sus preocupaciones en términos sanitarios. Sostienen que los miembros de la comunidad universitaria se verán “lastimados” si tal orador da su charla, o si se da tal texto como parte de un programa de lectura. “Lo que es nuevo hoy en día”, sostienen Haidt y Lukianoff, “es la premisa de que los estudiantes son frágiles”. Y agregan: “Aun aquellos que no son frágiles creen a menudo que otros están en peligro y necesitan protección”. La meta última de estos movimientos es la de volver a los campus universitarios “espacios seguros”, donde estos jóvenes adultos sean protegidos de palabras e ideas dañinas. El movimiento busca, además, castigar a cualquiera que interfiera con esa meta. Haidt y Lukianoff llaman a este impulso “proteccionismo vengador” y señalan que está creando una cultura en la cual todos deben pensar dos veces antes de hablar si no quieren enfrentar cargos de insensibilidad, agresión, o algo peor.

El gremio de estudiantes de la Universidad de East Anglia le exigió a un restaurante mexicano de la ciudad de Norwich que dejara de regalarles sombreros mexicanos a sus clientes estudiantes, por considerar esa medida de marketing como un acto “racista”. El manager del restaurante dijo que ellos interpretaban el regalo como una celebración de la cultura mexicana. Uno de los miembros del gremio dijo: “Sabemos que cuando se trata de apropiación cultural los problemas pueden ser a veces difíciles de entender”. Y agregó: “En el gremio de estudiantes queremos que todos los estudiantes se sientan seguros y aceptados, así que en todo momento tratamos de procurar que no haya ningún comportamiento, lenguaje o imagen que podría ser considerado racista, sexista, homofóbico, transfóbico o ableísta”.

Las universidades deben intentar persuadir a sus estudiantes, argumentan Haidt y Lukianoff, sobre la necesidad de equilibrar la libertad de expresión con la necesidad de hacer que todos se sientan bienvenidos. Hablar abiertamente sobre valores en conflicto, por ejemplo, es un desafío que cualquier comunidad diversa y tolerante debe poder afrontar. Deben abandonarse los códigos que buscan restringir el discurso. Las trigger warnings deben ser desalentadas. No sólo conspiran contra el libre discurso sino que sus resultados son lo contrario de lo que presuntamente se busca. La Asociación Estadounidense de Profesores Universitarios señala: “La presunción de que los estudiantes deben ser protegidos en lugar de desafiados en un aula es a la vez infantilizante y antiintelectual”. Para Haidt y Lukianoff, este debería ser el credo universitario fundamental.







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