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¿Estamos educando o adoctrinando en perspectiva de género?

 


Se trata de una pregunta pertinente, no sólo en lo que concierne a las prácticas de los docentes en las aulas, sino también en cuanto a las “capacitaciones” que constantemente se ofrecen.

¿Cómo diferenciar adoctrinamiento de educación? 

Kohlberg (1992) afirma que adoctrinar es ofrecer a los estudiantes la “respuesta correcta”: “Las cosas son así”.

Para evitar adoctrinar se debe presentar problemas que provoquen en los estudiantes una tensión intelectual, para que sea el estudiante el que se interrogue sobre sus juicios y las razones que los sostienen. Presentar dilemas y hacer preguntas hábiles que provoquen una problematización. Presentar un problema y conducir la discusión añadiendo circunstancias que compliquen el dilema. Crear, deliberadamente, tensión intelectual.

 ¿Es eso lo que estamos haciendo?

No. Hay trampa: como la perspectiva de género se presenta a sí misma como la perspectiva crítica, adoptarla y transmitirla es ser crítico. A ver, ella es la que pone en cuestión lo que estaba establecido, así que ella en sí misma consiste en la crítica: No es necesario criticarla.

 

Ella es la que critica, no la que es criticada.

 Aparte de eso, está muy bien blindada a la crítica. A la perspectiva de género no se la puede criticar por varios motivos:

 1-      Es la perspectiva nueva, de modo que sólo se la puede criticar desde el pasado. Sólo la critican los retrógrados.

2-     2-  Ética: Se basa en los valores de “equidad e igual respeto por toda la gente". Una sociedad, y una escuela acogedora, inclusiva y segura exige que todos sean "aliados" de esta perspectiva. No tenemos opción. Hay un deber ético de adoptarla. Ella trae el modelo de la inclusión, por lo tanto, si la cuestiono, soy “excluyente”.

3-      3- Solidaridad: Se promueve una adopción incondicional desde lo afectivo-emocional: Esta es la opción por los excluidos, los desfavorecidos.

4-    4-   Juega al caballo de Troya: Traspapela teorías muy polémicas y controvertidas entreverándolas con ideas que tienen gran consenso:

Que los hombres han abusado de las mujeres a lo largo de la historia, las han relegado, las han oprimido y han construido acerca de ellas discursos de discriminación.

Que ser mujer no implica aceptar los roles femeninos tradicionales. Que se debía “deconstruir” lo que significaba ser mujer, para liberarla. Por eso debíamos separar sexo de género.

Que todas las personas deben tener iguales derechos, y que debemos continuar progresando hacia una sociedad más justa e igualitaria, en la que todos debemos estar incluidos. Todos compramos teoría de género cuando nos  dice esto.

Claro que, de pasada, nos vende transfeminismo.

 Sólo podremos evitar adoctrinar a nuestros estudiantes si nosotros mismos hemos hecho ese ejercicio crítico que tanto celebramos y que siempre hablamos de promover entre nuestros estudiantes.

Pero muchos de nosotros hemos adoptado la perspectiva de género acríticamente, en primer lugar, porque así nos fue transmitida. ¿A mí me capacitaron, o me adoctrinaron en perspectiva de género? Bueno ¿Incluyeron bibliografía que pusiera en cuestión lo que me estaban transmitiendo? En los materiales a los que yo tuve acceso no hay ninguna problematización de esta perspectiva. Sencillamente se vende, punto por punto, de una manera muy didáctica y prolija, y con cuadros y dibujos, ideas queer. Por ejemplo, las ideas de Judith Butler. Pero muchos teóricos “destrozan” a Judith Butler. ¿Lo sabemos? ¿Quiénes? ¿Cómo la cuestionan? ¿Qué cuestionan?

 Para muchos de nosotros la perspectiva de género nos produjo un conflicto cognitivo, así que nos pareció suficiente conflicto: Antes pensábamos que existían dos sexos. Ahora ya sabemos que no. Fin. Un dogma es reemplazado por un dogma nuevo. Eso no es crítica.

 Esta perspectiva, a pesar de que se presenta como revolucionaria, también recibe un respaldo propagandístico fabuloso y es la perspectiva que promueve el Estado nacional. ¿Hemos tenido acceso a bibliografía que la ponga en cuestión?

  

La cuestión trans

 

Siempre habíamos creído que existían dos sexos, ahora ya sabemos que no. Los hombres también se embarazan. Hay mujeres con penes. No se embarazan las mujeres: Se embaraza la gente, así que no se debe hablar de embarazadas sino de personas gestantes.

Esto, aparte de ser políticamente correcto, no es una visión neutral. Esa es la tesis del transfeminismo, que se encuadra dentro de la tercera ola del feminismo y tiene una gran influencia del activismo LGBT y la teoría queer. En esa visión la cuestión transgénero y transexual es central. (Hay que distinguir las cuestiones que plantean las orientaciones sexuales diversas, como la la homosexualidad, de las infinitas cuestiones que plantea la cuestión trans). Por ejemplo:

 

 

No existen dos sexos

 ¿No existen dos sexos?

 




1. En biología el sexo es el conjunto de peculiaridades que caracterizan los individuos de una especie dividiéndolos en masculinos y femeninos, y hacen posible una reproducción que se caracteriza por una diversificación genética: la reproducción sexual.

La sexualidad humana es un rasgo binario, biológico y objetivo. Los genes ‘XY’ y XX son marcadores genéticos de la salud. Lo normal en el diseño genético humano es ser concebido macho o hembra. La sexualidad humana está diseñada de manera binaria con la intención evidente de la reproducción y multiplicidad de nuestra especie.

Los trastornos del desarrollo de la sexualidad (DSD) y su desviaciones, incluyendo la feminización testicular y la hiperplasia suprarrenal congénita, son médicamente identificables en la norma binaria sexual y es por ello por lo que se reconocen como trastornos del diseño humano.

2. Todo ser humano nace con sexo biológico. Las personas que se identifican con “la sensación de pertenecer al sexo opuesto” o “en algún punto intermedio”, no forman un tercer grupo sexual, siguen siendo hombres o mujeres biológicos.

3. La creencia de una persona biológicamente sana de pertenecer a un sexo contrario a su sexo biológico, implica un problema psicológico, no físico y, por tanto, debe ser tratado como tal. Sufre de disforia de género. La disforia de género (GD) está reconocida como un trastorno mental en la reciente edición del Manual de Diagnósticos y Estadísticas de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-V).

(Qué, a propósito, tiene una prevalencia de una de cada diez mil personas).

A esto no lo digo yo, sino la ciencia, lo tomé de un comunicado del Colegio Americano de pediatras. Las teorías trans pretenden que solo un retrógrado afirmaría que sólo existen dos sexos. Los científicos la declaran anticientífica. El discurso trans afirma que la biología y la medicina son patriarcales, y un médico dice: “La imposición de un bozal ideológico no es más que un remozado del Lysenkoismo comunista donde la genética se consideraba una pseudociencia burguesa y diversas ramas de la biología fueron suprimidas bajo pena de muerte".

Hay una discusión: No una “nueva verdad” incuestionable que estamos obligados a adoptar por solidaridad y humanidad.

 

Una persona es del sexo que se siente

 Hoy todos sabemos que, cualquiera que se precie de humano debe reconocer que un hombre que se autopercibe mujer es una mujer. Y viceversa. Pero ¿Sabemos qué problemáticas de orden médico, psiquiátrico, psicológico, jurídico y ético se presentan al adoptar esta teoría? ¿Qué implicancias tiene esta afirmación?

Porque hasta en los deportes o el sistema penitenciario, comienzan a suceder cosas inéditas:

-Violador se declara mujer. Es recluido en una cárcel de mujeres y asalta sexualmente a 4 reclusas.

-Las “Mujeres trans” comienzan a ganar en todos los deportes femeninos. Las deportistas crean asociaciones como “salvemos el deporte femenino”.

-Fallon Fox, luchador transgénero de artes marciales mixtas, rompió la cuenca de un ojo y dejó con conmoción cerebral a su oponente femenina en 2015.

Etcétera.

Mucho cuidado que no son sólo los fanáticos retrógrados religiosos se oponen al transfeminismo. Muchas feministas lo rechazan. El transfeminismo dice que las mujeres no son mujeres: son “mujeres cis” (mujeres nacidas mujeres: son sólo un tipo de mujer), y que no tienen derecho a decidir quién es mujer (mujeres trans). Las feministas responden diciendo que esto es sólo otro ataque del orden falocrático y que los trans son hombres imitando a mujeres. ¿Sabías todo esto?

Si no estás enseñando lo que está en discusión, quién discute a quién, y qué afirma cada uno, qué problemas nuevos aparecen en la sociedad con la implementación de estas nuevas políticas, estás adoctrinando a tus estudiantes en perspectiva de género.

 

¿Cualquier niño es trans?

 Todos sabemos que hay que enseñar estas nuevas ideas.

 El DSM -5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) reporta una incidencia estimada de disforia de género sobre el 0,005 y el 0,14 para varones y mucho menor (0,002 y 0,003) para nacidas mujeres.

 

El psiquiatra Stephen Stathis, director de la clínica de género en el Hospital Infantil Lady Cilento de Brisbane (Australia). No es un ‘transfóbico’. Ha llevado multitud de casos de niños pequeños a los que diagnosticado disforia de género y los ha ayudado a cambiar de género. Y declara, sin embargo, que la transexualidad está de moda, lo cual resulta muy peligroso para los niños y niñas. (Que hoy todos llamamos niñes).

 Abigail Shrier, periodista de investigación del Wall Street Journal, escribió el libro “Daño irreversible”, en el que afirma lo mismo: La transexualidad está de moda. Descubrió que en prácticamente todo el mundo Occidental se estaba reportando una súbita subida estadística entre los adolescentes con disforia de género sin que nadie se sorprendiese. En Estados Unidos la prevalencia había aumentado un 1000%. En el Reino Unido las solicitudes de chicas aumentaron un 4400% en la última década. Ocurría una obviedad que una parte importante de la comunidad científica había decidido ignorar por miedo a reprimendas.

 A propósito, su libro fue censurado.




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