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Finalidades políticas y honestidad intelectual




Estadísticamente las enfermedades mentales de hombres y mujeres son diferentes. Los hombres sufren más de esquizofrenia y autismo y las mujeres de depresión y trastorno de ansiedad. Y el diario el país dice: “Pronunciarse sobre estas diferencias puede resultar polémico. El reconocimiento de diferencias innatas en los cerebros de hombres y mujeres puede entenderse como un intento de justificar y perpetuar desigualdades históricas.”

Epa.

Miren si no está blindada la validez de mi teoría si cualquier cuestionamiento a mi teoría es un intento de justificar y perpetuar desigualdades históricas.

A unas personas con intenciones tan malignas como justificar y perpetuar desigualdades históricas no hay que dejarlas ni abrir la boca. Son el enemigo.

¡Cómplices!

¿Para qué dejarlas hablar?

Ahí es donde mi perspectiva pone totalitaria.

No es una lectura posible de la realidad sino que tiene una misión histórica redentora de emancipación, y cuestionarla es atacar esos fines.

¿Hay que ajustar los datos, las estadísticas y la ciencia a mis fines políticos?

El diario el país tiene miedo de decir que hay estadísticas que indican que los hombres y mujeres son biológicamente diferentes en cuanto a enfermedad mental.

Pero Louann Brizendine escribió el libro “El cerebro femenino” y el libro “El cerebro masculino” y dice “no existe el cerebro unisex”.

Escándalo. 



Eso no encaja con la perspectiva de género.

Todo en esos dos libros  enfatiza  cantidades  y fundamentales diferencias entre hombres y mujeres, de carácter, de emociones, de un montón de cosas, basadas en la biología.  Y dice  que sus libros se basan en  veinticinco años de experiencia clínica como neuropsiquiatra. Presenta los avances científicos de la última década en la comprensión de la neuroendocrinología del desarrollo, la genética y la  neurociencia molecular. Ofrece  muestras de  neuropsicología, neurociencia cognitiva, desarrollo infantil, neuroimagen y  psiconeuroendocrinologíay cada afirmación de sus libros cita el estudio científico en el que se basa. 

Ahora, si alguien cree que seguramente esa científica debe ser religiosa, o algo malo de ese estilo, y por eso defiende, oponiéndose al postulado de la perspectiva de género, que existe el hombre y la mujer,  y que esa diferencia biológica no es mera “genitalidad irrelevante”, sino que implica unas cantidades de diferencias impresionante, sospechamos de esta mujer que se atreve a sostener eso.

¿Saben por qué sospechamos?  Porque  sabemos que  el conocimiento se  instrumentaliza al servicio de unos fines, de unos intereses, de una ideología.

Sabemos  que hay agendas detrás de los discursos por más  neutrales y  científicos que pretendan ser.

Sólo que tendemos a pensar que eso les pasa a los retrógrados opositores de la perspectiva de género, pero no a sus promotores.

Pero no, esta científica no distorsiona la ciencia para que coincida con sus creencias, sino, al contrario,  dice me considero feminista, y mis colegas son feministas, pero no vamos a distorsionar verdades científicas para favorecer nuestros intereses políticos.

Eso es lo más interesante de todo lo que dice esa científica en esos dos libros.




Miren qué distinto a lo que dice el diario El País.

Muchachos tenemos estos datos, analicemos.

¿Posibilidades explicativas?

Múltiples

¿Tu teoría me ayuda a explicar la realidad o si no ajusto la realidad a tu teoría “se me arma”?

Una cosa son mis finalidades políticas, pero mi honestidad intelectual viene primero, dice Louann Brizendine. Soy una científica. No voy a recortar y dibujar datos para que encajen con la perspectiva de género. ¿Habrá mucha gente así? ¿O todos sacamos la tijera y elegimos los datos que respaldan nuestras teorías?

¿Nos interesa realmente saber si las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son mera genitalidad, o si hay mucho más, o adhiero por fines políticos a la teoría que parte de la premisa de que no?

Porque si uno quiere fundamentar una postura encuentra unos datos que la sostienen, selecciona esos,  ignora los demás, menciona unas cosas, exagera otras, como las estadísticas, para que una excepción muestre que la regla es inválida… Y arma la realidad a su imagen y semejanza.

Sabemos que existen agendas detrás de las “verdades científicas”, y que pocos tienen la ética necesaria para eludir la tentación de ajustar la realidad a sus teorías.

 

 

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