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La pedofilia: Una más entre diversas orientaciones sexuales

 


 Hay ideas que tienen cada vez más consenso en nuestra sociedad:

 

-          Toda norma es restrictiva y opresiva.

-          La sociedad no tiene derecho a constreñir al individuo.

-          Las orientaciones sexuales son muy diversas.

-          La cultura establece arbitrariamente si un comportamiento sexual es normal o anormal. En las prácticas sexuales no existe por un lado la perversión y por otro la normalidad. La sexualidad humana no es «un helado de dos bolas. No está distribuida de manera bimodal, como dos bolas de helado, vainilla y chocolate, lado bueno y lado malo, un lado normal y otro anormal.

-          Son válidas las múltiples formas de disidencia sexual (sexo no monógamo, grupal, BDSM, etc.)

-          La humanidad se beneficiará de un proyecto libertario en el terreno de las costumbres.

 

Establecido todo esto ¿Con qué argumentos cuestionamos el incesto? ¿Y la pedofilia? Cuando se plantea que “todo vale” ¿Quién se atreve a prohibir?

 

Fácil: Toda actividad sexual es legítima siempre que sea consentida. ¿Y por qué un niño no tiene derecho a consentir?

 

Bueno. No puede consentir porque la madurez mental de un infante o bien, adolescente, no es la que se necesita para mantener una relación afectiva con un adulto.

 

¡Bueno! ¡Por fin hallamos un argumento! Pero, claro, también se llega a cuestionar esto ¿acaso no establecimos que todo es relativo, fluido y dudoso? Con este argumento:

 

“Los niños son seres sexuales de pleno derecho”.

 

 (A propósito, es el mismo argumento que se usa para legitimar el cambio de identidad de género en menores)

 

Susan Cox, hablando de la relación entre teoría queer y pedofilia explica que: Michael Foucault, en una entrevista por radio en 1978, abogaba porque Francia aboliera la edad de consentimiento sexual… *1. (…) Y Pat Califia dijo que cualquier niño lo suficientemente grande como para elegir si él o ella quiere usar zapatillas, es lo suficientemente grande para tener sexo. Ella no se refería a “jugar al doctor”, sino que Pat Califia ha escrito porno de tortura de niños.

 

(Patrick Califia es un escritor transexual estadounidense muy relacionado con la temática del BDSM, de la homosexualidad femenina y de la literatura erótica. Es también un conocido ensayista y poeta. Psicólogo, terapeuta sexual y cantante, es un respetado y conocido activista del movimiento histórico del BDSM, al que pertenece desde la época pionera de la Old Guard).

 

La pedofilia y la teoría queer

 

Susan Cox : (…) Este es un argumento bastante común entre los teóricos queer y el mismo Foucault lo planteó en esa entrevista; allí dijo que no hay daño hecho realmente por un hombre adulto que viola a un niño, sino que más bien los niños son meramente construidos, socialmente, como una población vulnerable mediante varios discursos psicológicos, médicos y legislativos, y que el pedófilo es meramente construido como una figura, un espectro. No son más que fantasmas. Y que la creación de este fantasma mediante la ley de consentimiento sexual, la cual sería la que realmente causa daño social y que se materializa en los cuerpos de los hombres, mujeres y niños. Así que, esto es lo que la teoría queer hace: no existen relaciones de poder o explotación o daño, lo que hay son meramente estos fantasmas de normas sociales que causan el daño, esta categorización de las personas, de los pedófilos, del BDSM, o de los sádicos, incluso.

 

El movimiento activista pedófilo

 

El movimiento activista pedófilo quiere subirse a la ola del "todos estamos incluidos con nuestra sexualidad diversa"

Referido por algunos partidarios como el «movimiento del amor hacia los niños», es un movimiento social que abarca una variedad amplia de opiniones y aboga por la aceptación social de las personas que se sienten atraídas por menores de edad, que no hayan delinquido anteriormente (pedófilos virtuosos). Actualmente se persigue la práctica de esta conducta por considerársela como un trastorno o patología sexual.

 

Las metas del activismo pro-pedofilia incluyen:

 

La derogación de las leyes de edad de consentimiento, a efectos de eliminar de la legislación el uso de la edad como un criterio válido para identificar el abuso sexual infantil o, como una medida provisoria, la disminución progresiva de esa edad.

La eliminación de la clasificación de la pedofilia como una parafilia por parte de la Organización Mundial de la Salud, la American Psychiatric Association (Asociación Americana de Psiquiatría) y otras instituciones altamente reconocidas.

Los activistas pro-pedofilia también promueven el uso de eufemismos tales como “pedosexual”, “boylove(r)”, “girllove(r)”, y “childlove(r)”,nota 1​1​2​ con el fin de "suavizar" el término "pedófilo". Actualmente este movimiento es extremadamente impopular y ha hecho poco progreso en sus metas dentro de las esferas legales y científicas. En los años 1970, sin embargo, este movimiento consiguió cierto progreso hacía sus metas en Europa, particularmente en los Países Bajos, donde hay una considerable historia del activismo en materia de pedofilia. En 2006, se fundó en los Países Bajos el Partido de la Caridad, la Libertad y la Diversidad. 3

 

JOHN MONEY y las Cronofilias

 

Ya hace siete décadas John Money presentó su “teoría del Continuum”, estableciendo que en el sexo no hay nada que sea verdaderamente normal o verdaderamente patológico. Todas las normas son «culturales» y es siempre factible sustituir unas por otras. No es válido que una moral tiña de oprobio unas prácticas sexuales originales. No hay «perversión», sino «parafilia» (en griego, «amor al margen»).

 

John Money, el sexólogo “inventor” del concepto de género, tenía enorme interés en observar lo que él llama «juegos de repetición erótica infantil», juegos sexuales por los cuales los niños estarían imitando las relaciones sexuales adultas; Money impuso tales juegos a ciertos pacientes infantiles. Y su teoría parece la objetivación y justificación teórica de unas tendencias pedófilas:

 

Según él, los «juegos de repetición erótica infantil» son frecuentes (y esenciales) en sociedades tradicionales como la de los Yolngu, aborígenes de Australia que aseguraba haber observado. A Money le disgustaba que nuestras sociedades no estén dispuestas a tales estudios científicos de la sexualidad del niño: el número de estudios sobre esta cuestión «es pura y simplemente cero, porque si alguien intentara emprender tal estudio se arriesgaría a ir a prisión por haber contribuido a la delincuencia de menores o por obscenidad. Sin ir más lejos, imagínense los títulos de prensa y el desenlace de una demanda de fondos de investigación para observar a niños jugando a juegos sexuales».

 

Sin embargo, según él, el origen de la mayor parte de los trastornos sexuales en la edad adulta proviene de la represión de esos juegos en nuestras sociedades. Los simios a quienes se los prohíben no tienen una sexualidad adulta normal. La queja por la prohibición de estas investigaciones parece sobre todo debida a la gran afición por la observación de esos juegos que parecía tener Money, según el testimonio de David Reimer.

 

La usual estrategia de modificar el lenguaje

 

Ya Money cambia el término pedofilia por «cronofilias», que designan todas las relaciones amorosas de «parejas de edades no afines». Pero hace notar enseguida que si bien antes se «toleraba la sabiduría del orden de las cosas» que permitía que tales comportamientos dieran lugar a la eclosión de «genios» como Lewis Carroll o J. M. Barrie, creador de Peter Pan, hoy en día ya no se tolera porque «el encariñamiento pedófilo se ha convertido en un crimen».

Money explica que de hecho una relación de ese tipo es más traumatizante por el oprobio que la rodea y las represalias a que da lugar que por el acto pedófilo, que de por sí no tiene nada de traumatizante: «El secreto y el peso de las represalias si se descubre la naturaleza de la relación son un dilema a menudo más traumatizante que la actividad sexual pedófila por sí misma».

 

 En una entrevista concedida al periódico pedófilo holandés Paidika, Money explicaba: «Si contemplamos el caso de un muchacho de diez o doce años atraído desde el punto de vista erótico por un hombre de veinte o treinta años, si la relación es verdaderamente del todo recíproca […], de ninguna manera la calificaría yo de patológica». Hay que distinguir desde luego entre una «pedofilia sádica», forzada, y una «pedofilia afectiva», recíprocamente satisfactoria. En un manuscrito no publicado sobre las «relaciones pedófilas y efebófilas», explica que en algunos de sus pacientes que tuvieron relaciones con parejas de más edad esas relaciones «fueron recíprocas y complementarias. El más joven se pliega, claro está, a la imaginería de la excitación del adulto. Lo que no queda claro siempre, en una observación superficial, es que esa relación puede tener como efecto positivo la creación de un vínculo de pareja, generalmente económico y recreativo, así como afectivo y erótico para el más joven de los dos. En él la historia puede ser la de una carencia parental o de una negligencia hacia el niño, intencionada o no».

 

De hecho, Money redactará en 1987 una introducción muy elogiosa para el libro del militante pedófilo holandés Theo Sandfort, con el expresivo título Boys on Their Contacts with Men. A Study of Sexually Expressed Friendship («Los chicos y sus contactos con hombres: un estudio sobre las amistades que se expresan sexualmente»).

 

Money explica en ella que la pedofilia es un comportamiento como cualquier otro, como ser zurdo o daltónico, y no debe en ningún caso tratarse como una enfermedad. Hay que vivir con ello: «La pedofilia y la efebofilia no son un asunto de elección voluntaria, como no lo son ser zurdo o daltónico. No existe un método conocido de tratamiento a través del cual se los pueda cambiar de manera permanente, o suprimir o reemplazar. El castigo es inútil. No hay hipótesis satisfactoria, evolucionista o del tipo que sea que explique la razón por la cual esos comportamientos existen en el esquema de conjunto de la naturaleza. Hay que aceptar sencillamente el hecho de que existen y después, sabiéndolo, formular una política sobre lo que conviene hacer al respecto».

 

En el manuscrito no publicado sobre el asunto, Money va aún más lejos: «La relación entre una persona mayor y un muchacho prepúber o púber puede ser: 1. Complementaria y recíproca, 2. Afectuosa y formando una pareja, 3. Desprovista de toda agresión, prejuicio o herida, 4. Limitada en el tiempo, y 5. Fenomenológicamente una sucesión de carencias, de negligencias o de abusos en la infancia. En tal relación, los problemas éticos y legales de los derechos sexuales de la infancia y de la adolescencia deben ser reexaminados y redefinidos».

 

EL INCESTO

 

Lo mismo en el incesto. Lo primero que hay que hacer también aquí es separar el incesto violento y traumático del incesto «suave». Hay una enorme diferencia entre las caricias de un simpático abuelo y la agresión de un tío carnal libidinoso: «Cuando un abuelo acaricia a su propio nieto adorado que duerme con él en la misma cama, el acto no es incestuoso, y sí lo es cuando un tío que está de visita fuerza a su sobrina apenas púber, que grita y está aterrorizada, a copular con él».

 

Como en la pedofilia, no es el incesto en sí mismo lo que es dañino, sino la reprobación que lo rodea. «Si no hay reprobación, en particular cuando el incesto no se conoce fuera de la familia, lo que es verdaderamente traumático no es tanto el incesto como su interrupción. Cuando se establece un auténtico vínculo amoroso y erótico entre dos personas que practican el incesto, ocurre que, más que el propio entente, el descubrimiento y su disolución pueden ser fuente de traumatismo.» Así que Money aconseja: «Es muy importante que una relación que se ha establecido sobre tales bases no se rompa precipitadamente».


Fuentes: “La filosofía se ha vuelto loca” de Jean Francois Braunstein

Wikipedia y

 http://comunicacionydebate.mdc.com.ar/2018/08/23/problemas-de-la-teoria-queer/

 

 


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