Ir al contenido principal

I Teóricos de la perspectiva de género MONEY

Del libro La filosofía se ha vuelto loca.  de Jean Francois Braunstein


 

LA INVENCIÓN DEL CONCEPTO DE GÉNERO

El concepto de «género» apareció en 1955. El fundador de la teoría de género fue John Money, un psicólogo y sexólogo de la prestigiosa universidad estadounidense Johns Hopkins.

Money reivindica su paternidad en la invención del término. En 1995 se enfurece contra el Oxford English Dictionary que atribuye el invento a otro autor y retrasa la invención del término a una fecha anterior. Money no pierde ocasión de precisar: «La palabra hizo su primera aparición en inglés [en su artículo de 1955] como un atributo humano, pero no era simplemente sinónimo de sexo». Ese término indicaba, precisa Money, «el grado global de masculinidad que es íntimamente sentido y se manifiesta públicamente en el bebé, en el niño, en el adulto, y que usualmente, aunque no necesariamente, se corresponde con la anatomía de los órganos de procreación».

 

QUIÉN FUE JOHN MONEY

Cabe hacer mención a las inclinaciones y el modo de vida de John Money porque indican su motivación personal para rechazar la moral conservadora de su época.

Money nació en 1921 en una familia puritana, estuvo casado durante un tiempo, y después tuvo relaciones sobre todo homosexuales pero también heterosexuales, definiéndose como bisexual. John Money, tal como lo hace notar uno de sus colaboradores en la muy «personal» necrológica que le dedica, era un «entusiasta de la sexualidad de grupo»: «Los congresos de la Society for the Scientific Study of Sex (SSSS) estaban marcados por las “orgías nocturnas” organizadas por John y en las que participaban algunas de las eminencias de la sexología. Él era un participante especialmente dotado».

La finalidad de este autor era fundamentar un proyecto libertario en el terreno de las costumbres, basado en la premisa de que en las prácticas sexuales no existe por un lado la perversión y por otro la normalidad.

 

 

LA TEORÍA DEL CONTINUUM

 

Money quería acabar con la crítica a quienes se alejaban de la moral dominante, lo cual explica su voluntad de sustituir el término «perversión», de connotaciones negativas, por el más neutro «parafilia» (en griego, «amor al margen»), que designa prácticas sexuales fuera de norma. Money quiere quitarle toda dimensión de oprobio a unas prácticas sexuales originales, y se jacta de haber descubierto y dado nombre a parafilias como la «escatofilia por teléfono», la «autoasesinofilia» o la «hibristofilia», que no es otra cosa que tener ganas de tener relaciones sexuales con un criminal. Money cita también la necrofilia o la apotemnofilia (voluntad de ser amputado), el incesto y la pedofilia.

 

La tesis general de Money se resume en lo que él llama «teoría del continuum»: No hay nada que sea verdaderamente normal o verdaderamente patológico en el sexo. Todas las normas son «culturales» y es siempre factible sustituir unas normas por otras. Desde ese punto de vista, el origen de la mayor parte de los trastornos sexuales proviene de la «actitud antisexual» de nuestras sociedades, mientras que una actitud permisiva tendría como consecuencia la anulación de esos trastornos, puesto que ya no habría rechazo.

 

Buena parte de los artículos de Money aparecieran primero en revistas de porno suave como

Playboy, en especial la entrevista de 1990 titulada, en referencia a la película de Sergio

Leone «Sex: The Good, the Bad and the Kinky».

 

La apotemnofilia

John Money propone que podamos amputarnos tal o tal miembro del que no estamos satisfechos.

MONEY, LA PEDOFILIA Y EL INCESTO

Money siempre afirmó que es únicamente la sociedad, la cultura la que establece que determinados comportamientos sexuales sean normales y que otros no lo sean. Eso es válido igualmente para la pedofilia y el incesto.

 

Para Money la pedofilia o el incesto son comportamientos desviados, como lo es pertenecer a una religión minoritaria: «una desviación religiosa en una sociedad que solo tolera una religión». Equipara la pedofilia y el incesto con religiones u opiniones cuyo único error es ser minoritarias y arremete contra esos dos grandes «tabús» de nuestras sociedades.

 

LA PEDOFILIA

 

Money regresa una y otra vez al enorme interés que tendría observar lo que él llama «juegos de repetición erótica infantil», juegos sexuales por los cuales los niños estarían imitando las relaciones sexuales adultas; Money impuso tales juegos a David Reimer y a su hermano después de haberles hecho visionar películas pornográficas (mencionaremos después a estos pacientes suyos). Dichos jugueteos serían, según él, frecuentes (y esenciales) en sociedades tradicionales como la de los Yolngu, aborígenes de Australia que aseguraba haber observado. A Money le disgustaba que nuestras sociedades no estén dispuestas a tales estudios científicos de la sexualidad del niño: el número de estudios sobre esta cuestión «es pura y simplemente cero, porque si alguien intentara emprender tal estudio se arriesgaría a ir a prisión por haber contribuido a la delincuencia de menores o por obscenidad. Sin ir más lejos, imagínense los títulos de prensa y el desenlace de una demanda de fondos de investigación para observar a niños jugando a juegos sexuales».

Sin embargo, según él, el origen de la mayor parte de los trastornos sexuales en la edad adulta proviene de la represión de esos juegos en nuestras sociedades. Los simios a quienes se los prohíben no tienen una sexualidad adulta normal. La queja por la prohibición de estas investigaciones parece sobre todo debida a la gran afición por la observación de esos juegos que parecía tener Money, según el testimonio de David Reimer.

En cuanto a la pedofilia, hay que subrayar que Money prefiere no emplear ese término. La engloba en la categoría más general de «cronofilias», que designan todas las relaciones amorosas de «parejas de edades no afines». Pero hace notar enseguida que si bien antes se «toleraba la sabiduría del orden de las cosas» que permitía que tales comportamientos dieran lugar a la eclosión de «genios» como Lewis Carroll o J. M. Barrie, creador de Peter Pan, hoy en día ya no se tolera porque «el encariñamiento pedófilo se ha convertido en un crimen».

Money explica que de hecho una relación de ese tipo es más traumatizante por el oprobio que la rodea y las represalias a que da lugar que por el acto pedófilo, que de por sí no tiene nada de traumatizante: «El secreto y el peso de las represalias si se descubre la naturaleza de la relación son un dilema a menudo más traumatizante que la actividad sexual pedófila por sí misma». En una entrevista concedida al periódico pedófilo holandés Paidika, Money explicaba: «Si contemplamos el caso de un muchacho de diez o doce años atraído desde el punto de vista erótico por un hombre de veinte o treinta años, si la relación es verdaderamente del todo recíproca […], de ninguna manera la calificaría yo de patológica». Hay que distinguir desde luego entre una «pedofilia sádica», forzada, y una «pedofilia afectiva», recíprocamente satisfactoria. En un manuscrito no publicado sobre las «relaciones pedófilas y efebófilas», explica que en algunos de sus pacientes que tuvieron relaciones con parejas de más edad esas relaciones «fueron recíprocas y complementarias. El más joven se pliega, claro está, a la imaginería de la excitación del adulto. Lo que no queda claro siempre, en una observación superficial, es que esa relación puede tener como efecto positivo la creación de un vínculo de pareja, generalmente económico y recreativo, así como afectivo y erótico para el más joven de los dos. En él la historia puede ser la de una carencia parental o de una negligencia hacia el niño, intencionada o no». De hecho, Money redactará en 1987 una introducción muy elogiosa para el libro del militante pedófilo holandés Theo Sandfort, con el expresivo título Boys on Their Contacts with Men. A Study of Sexually Expressed Friendship («Los chicos y sus contactos con hombres: un estudio sobre las amistades que se expresan sexualmente»). Money explica en ella que la pedofilia es un comportamiento como cualquier otro, como ser zurdo o daltónico, y no debe en ningún caso tratarse como una enfermedad. Hay que vivir con ello: «La pedofilia y la efebofilia no son un asunto de elección voluntaria, como no lo son ser zurdo o daltónico. No existe un método conocido de tratamiento a través del cual se los pueda cambiar de manera permanente, o suprimir o reemplazar. El castigo es inútil. No hay hipótesis satisfactoria, evolucionista o del tipo que sea que explique la razón por la cual esos comportamientos existen en el esquema de conjunto de la naturaleza. Hay que aceptar sencillamente el hecho de que existen y después, sabiéndolo, formular una política sobre lo que conviene hacer al respecto».

En el manuscrito no publicado sobre el asunto, Money va aún más lejos: «La relación entre una persona mayor y un muchacho prepúber o púber puede ser: 1. Complementaria y recíproca, 2. Afectuosa y formando una pareja, 3. Desprovista de toda agresión, prejuicio o herida, 4. Limitada en el tiempo, y 5. Fenomenológicamente una sucesión de carencias, de negligencias o de abusos en la infancia. En tal relación, los problemas éticos y legales de los derechos sexuales de la infancia y de la adolescencia deben ser reexaminados y redefinidos».

 

EL INCESTO

 

Lo mismo en el incesto. Lo primero que hay que hacer también aquí es separar el incesto violento y traumático del incesto «suave». Hay una enorme diferencia entre las caricias de un simpático abuelo y la agresión de un tío carnal libidinoso: «Cuando un abuelo acaricia a su propio nieto adorado que duerme con él en la misma cama, el acto no es incestuoso, y sí lo es cuando un tío que está de visita fuerza a su sobrina apenas púber, que grita y está aterrorizada, a copular con él». Como en la pedofilia, no es el incesto en sí mismo lo que es dañino, sino la reprobación que lo rodea. «Si no hay reprobación, en particular cuando el incesto no se conoce fuera de la familia, lo que es verdaderamente traumático no es tanto el incesto como su interrupción. Cuando se establece un auténtico vínculo amoroso y erótico entre dos personas que practican el incesto, ocurre que, más que el propio entente, el descubrimiento y su disolución pueden ser fuente de traumatismo.» Así que Money aconseja: «Es muy importante que una relación que se ha establecido sobre tales bases no se rompa precipitadamente».

 

 

 

LA ELIMINACIÓN DEL CONCEPTO DE NORMALIDAD

 

Este marco de pensamiento es rico en enseñanzas sobre las tendencias profundas que están en el corazón mismo de la invención de la noción de género.

En su teoría del continuum encaja la teoría de Money de que la sexualidad humana no es «un helado de dos bolas»: «La sexualidad humana no está distribuida de manera bimodal, como dos bolas de helado, vainilla y chocolate, lado bueno y lado malo, un lado normal y otro anormal. Bien al contrario, está distribuida en una serie de continuums, como radios que forman el eje de una rueda, yendo cada uno de lo recreativo a lo patológico, con múltiples gradaciones entre ambos». Es imposible distinguir en ella lo que es normal de lo que es patológico, no hay por un lado el bien y por el otro el mal. Como hace notar uno de sus exégetas, «durante toda su carrera, [Money] se alzó contra las falsas dicotomías», en particular contra las oposiciones entre masculino y femenino, entre naturaleza y cultura, entre cuerpo y espíritu. Money en todo es hostil al binarismo. Ese tema de la lucha contra los dualismos se encontrará en todos los teóricos ulteriores del género, como la bióloga Anne Fausto-Sterling, que titula un capítulo de su principal libro «Duelo contra los dualismos» y le parece que Judith Butler piensa el cuerpo de una manera no dualista.

 

JOHN MONEY Y EL ESTUDIO DEL HERMAFRODISTIMO

Money consagra sus investigaciones al hermafroditismo humano, llamado hoy «intersexualidad», sobrevalorando muy generosamente los nacimientos intersexuales (4 % según él), porque busca fundamentar conclusiones. Los casos de fuerte ambigüedad sexual en el nacimiento son rarísimos (1 de cada 100.000 como mucho), pero para Money este fenómeno indica que la separación entre lo masculino y lo femenino no está demasiado clara, que no hay una distinción definida entre los dos sexos, y que hay que terminar con las distinciones binarias.

Money reflexiona sobre la sexualidad a partir de la intersexualidad. Parte de su existencia como una fuente para comprender todos los aspectos del género y de la sexualidad, abriendo así un campo de estudios todavía hoy en expansión y creando nuestra tendencia contemporánea a verlo de esa manera: A explicar la sexualidad a partir de la excepcionalidad. Esa excepción permite cuestionar el supuesto fundamental según el cual solo existen dos sexos.

La reputación del centro Johns Hopkins animó a numerosos padres de niños hermafroditas a consultar, y Money publica a partir de 1955 una serie de artículos sobre el tema, a menudo en colaboración con una pareja de médicos, Joan y John Hampson. En una investigación de 1957, basada en el estudio de 105 casos de «pacientes hermafroditas», establecen que, en el caso de bebés intersexo que presentan una ambigüedad sexual, lo que prima en el desarrollo de la identidad sexuada es el «sexo de socialización» o «sexo de asignación» (rearing). Concluyen el artículo de este modo: «Con raras excepciones, se ha establecido que la psicología sexual de esos pacientes —su rol de género y su orientación— corresponde a su sexo de asignación y de crianza incluso cuando este último contradice el sexo cromosómico, el sexo gonádico, el sexo hormonal, las estructuras de los órganos reproductores internos predominantes o la morfología genital externa». Para llegar a esta conclusión, Money constituyó «pares» de hermafroditas supuestamente idénticos desde el punto de vista biológico, pero donde uno ha sido criado como chico y el otro como chica; su estudio demostraría que los factores ligados a la educación son los que se imponen más. Según Money, los hermafroditas se adaptan muy bien en general al sexo al que han sido asignados, tanto más si la educación que se les ha impartido ha sido más precoz y menos dubitativa. En su primer artículo sobre el tema en 1955 alude a la «identidad de género» para explicar que esta está más vinculada a las primeras «experiencias de la vida» que al sexo cromosómico o a las gónadas. Llega incluso a decir que la orientación sexual parece «psicológicamente indiferenciada en el nacimiento»: «El comportamiento y la orientación sexuales macho o hembra no tienen base innata, instintiva».

Esa es la razón por la cual, en caso de indeterminación sexual de nacimiento, hay que procurar que se eduque al niño sin que los padres tengan tiempo de preguntarse por su sexo y así no duden en intervenir en los órganos sexuales para «reparar» el sexo y llegar a «estabilizar» al niño en un sexo o en el otro. Cuando la apariencia física no está clara hay que intervenir quirúrgicamente para fabricar órganos no ambiguos. En efecto, según Money y los Hampson, si los genitales no son «normales», los padres serán incapaces de asumir eficazmente su papel de educadores: «Si los padres miran los genitales de su niña y ven un gran clítoris que tiene más bien el aspecto de un pene, eso va a sumirlos en una confusión que los llevará a tratar a la criatura más como un niño que como la niña que se supone que es». 19 Para que una educación sexual tenga éxito es necesario que los padres y el entorno eduquen «sin ambigüedad» a sus hijos en uno o en el otro «rol de género». Se habló en esa época de un verdadero consenso de clínicos en torno al «paradigma de Money», que establecía las reglas y los protocolos de cobertura social de los hermafroditas en el nacimiento. Veremos que para proceder a operaciones quirúrgicas y de reasignación sexual más tarde en la vida, o sea, en los casos de transexualidad, Money recomienda igualmente no fiarse solamente del balance científico y médico (gónadas, hormonas o cromosomas), sino tener también en cuenta lo que él llama el «rol de género», la manera en que el sujeto se siente como hombre o como mujer. La primera vez que utilizó el concepto «género» y la expresión «rol de género» fue en un artículo de 1955 sobre hermafroditismo. Allí definió el «rol de género» de esta manera:

Entendemos por rol de género todo aquello que una persona dice o hace para manifestar que tiene el estatus de muchacho u hombre, o de chica o mujer. Eso incluye la sexualidad en el sentido del erotismo, aunque no se reduce solo a eso. Un rol de género no queda establecido desde el nacimiento, sino que se construye acumulativamente a través de experiencias descubiertas y vividas. Así, por primera vez el género se distancia del sexo biológico: ambos suelen coincidir, pero no siempre es el caso. En cierto modo, el rol de género se aprende como la lengua materna en los primeros meses de vida y, al igual que esa lengua materna, a partir de cierta edad ya no puede erradicarse completamente. Money se inspira aquí en el punto de vista de la psicología conductista, dominante en la década de 1950, que insiste en  el poder omnímodo de la educación en detrimento de los factores innatos. Subraya que este aprendizaje del rol de género se hace rígido enseguida; según él, el rol de género está «completamente sellado» (locked tight) más o menos a la edad de dos años y medio, y en adelante es prácticamente imposible cambiar esta «huella» materna.

 

LA CULTURA PREVALECE SOBRE LA NATURALEZA: EL CASO DE JOHN/JOAN

Money popularizará la noción de género en 1972 en su libro más célebre, escrito en colaboración con la psicóloga y sexóloga Anke Ehrhardt: Man & Woman, Boy & Girl. En él se explica al gran público lo que es el género, en cuyo interior distingue la identidad de género y el rol de género. La identidad de género es «la identidad, la unidad y la persistencia de la individualidad de cada uno como macho, hembra o ambivalente, en un grado más o menos grande, especialmente en tanto en cuanto lo ha experimentado en la conciencia y en el comportamiento; la identidad de género es la experiencia privada del rol de género, y el rol de género es la expresión pública de la identidad de género». El libro gozó de un enorme éxito, primero sin duda por lo que suponía de compromiso a favor de la liberación sexual, tal vez también a causa de sus numerosas fotografías «gore» de hermafroditas antes y después de la operación. Un artículo del New York Times de la época consideró incluso que se trataba del libro de ciencias sociales «más importante desde el Informe Kinsey». Lo que el periódico subraya es que la cultura le gana la partida a la naturaleza, y lo resume con la fórmula: «Si se le dice a un chico que es una chica y se le educa como una mujer, él querrá comportarse como una mujer». Anne Fausto-Sterling destaca el papel que representó ese libro en la popularización del género: en 1972, Money y Ehrhardt demostraron que «el sexo y el género son dos categorías distintas. El sexo designa según ellos los atributos físicos […]. El género en cambio es una transformación psicológica del yo». Lo que permanecerá de la obra de Money es que ha separado completamente la sexualidad biológica y el sentimiento de pertenecer a este género o a aquel, el «rol de género». Y que lo que es determinante en la identidad sexual no es el sexo biológico sino el «género», que se construye con la educación y la cultura. Más allá de los argumentos provenientes de la antropología cultural, el libro se basa esencialmente en el «caso John/ Joan», que parece justificar el razonamiento de Money, pero que causará también su perdición.

En 1966 Money es consultado por unos padres de gemelos, los Reimer. Uno de los gemelos, David, que Money llamará John en sus informes, ha sido operado mal de fimosis por causa de una regulación defectuosa del bisturí eléctrico que le destruyó casi completamente el pene. Los Reimer habían visto en la televisión a este eminente especialista del hermafroditismo y la transexualidad en la Johns Hopkins explicando que se puede transformar a un chico en una chica y viceversa. Así que decidieron acudir a él para preguntarle si podía hacer algo por David.

Money les explicó que había que operar a David, retirar lo que quedaba de sus órganos genitales masculinos y educarlo como una niña; de ese modo se convertiría en niña. Si se le ponen vestidos, un peinado, juguetes de niña, si se la trata como a una niña, John se convertirá en niña y ya no se verá impedido por su sexo seccionado. Los padres dudan y piden tiempo para reflexionar, pero Money les explica que hay que darse prisa porque la  identidad de género se fija pronto, a los dos años y medio o tres. No les queda mucho tiempo porque John tiene ya diecinueve meses. Evidentemente Money está entusiasmado por este caso que se convertirá después en el meollo de sus investigaciones y constituirá la prueba de la validez de sus teorías y de un gran clásico de la literatura sobre la transexualidad. Si la reasignación de sexo funciona y permite a John convertirse en una niña, cosa que no era el caso hasta entonces desde el punto de vista biológico, la teoría de Money quedará validada. A diferencia de los hermafroditas con los que Money ha trabajado hasta el momento, David es sin duda alguna biológicamente un chico. Si se consigue educarlo como niña, esa será la prueba verdaderamente indiscutible de la superioridad de la cultura sobre la naturaleza. Money está tanto más interesado en este caso cuanto que David tiene un hermano gemelo, Brian, que podrá hacer de elemento testigo, de punto de comparación; no pocos debates sobre los papeles respectivos de lo innato y de lo adquirido han intentado fundarse en el ejemplo de gemelos verdaderos. Money tiene a su disposición su «experimento crucial», que demostrará la verdad de sus tesis culturalistas. Como hace notar él mismo, «el carácter muy inusual de este caso de reasignación sexual en la infancia se basa en el hecho de que el niño era un chico normal de nacimiento y tenía un gemelo, ambos sin malformaciones genitales o ambigüedad sexual». Los padres aceptaron finalmente la operación y en 1967 los restos del sexo masculino de David fueron extirpados mediante cirugía. David/John se transforma en una chica a la que Money decidirá llamar Joan. A la operación le sigue un tratamiento hormonal para hacer coincidir en el futuro su sexo con el género que la educación habrá «impreso» en él. En un primer momento, esta transformación parece haberse logrado. En Man & Woman, Boy & Girl, Money y Ehrhardt explican que el niño John se ha convertido en una «niñita modelo» con un comportamiento muy diferente al de su hermano gemelo: «La niña quería y recibía por Navidad muñecas, una casita de muñecas y un cochecito de bebé, claramente relacionado con el aspecto maternal del papel femenino adulto, mientras que el niño quería y recibía un garaje con coches, gasolineras y herramientas, lo que forma parte del papel masculino. A su padre, como a muchos hombres, le interesaban los coches y las actividades mecánicas». El éxito de la educación de David como niña era la prueba concluyente de que la puerta de la identidad de género está abierta desde el nacimiento tanto para un niño normal como para un niño nacido con órganos sexuales incompletos o para uno que antes del nacimiento se haya visto expuesto a una dosis excesiva o deficitaria de andrógenos, y de que esa puerta permanece abierta al menos durante un año después del nacimiento aproximadamente.

«Los modelos (patterns) de educación dimórfica tienen una influencia extraordinaria en la creación de la diferenciación sexual en el niño y en el resultado final de una identidad hembra o macho.» El tono de Money es verdaderamente triunfalista cuando escribe: «Para hacer uso de la alegoría de Pigmalión, con la misma arcilla se puede empezar a modelar un dios o una diosa».

La invención del «género» permitió así a Money afirmar que hay que distinguir radicalmente el «sexo», que es un dato biológico, y el «género», que es un resultado cultural. El género sería ampliamente independiente de los datos del sexo biológico. Ambos no coinciden necesariamente, y en caso de divergencia, será más importante el aspecto cultural, el género. De manera muy resumida, esta es la tesis de John Money. Con esta tesis «culturalista», Money parece aportar una especie de prueba experimental de la fórmula de Simone de Beauvoir en El segundo sexo, que se convertiría después en mantra feminista: «Una no nace mujer, sino que se convierte en una de ellas». Money está de hecho totalmente feliz de que su «demostración» de la superioridad de la cultura sobre la naturaleza pueda ser adoptada por los «militantes del Movimiento de Liberación de las Mujeres». Éric Fassin, introductor de los estudios de género en Francia, reconoce que Money es el verdadero inventor del concepto de género porque abrió el camino a una empresa de «desnaturalización» del sexo y de la sexualidad: «Para John Money, que participa de una visión progresista de la ciencia instaurada después de la Segunda Guerra Mundial en reacción contra las derivas biológicas, es la educación lo que hace al hombre y a la mujer». Pero Money no se iba a quedar solo en eso…

DE LA INTERSEXUALIDAD A LA TRANSEXUALIDAD

A partir de 1965, Money, ya afamado por sus investigaciones sobre hermafroditismo, va a fundar una «clínica de identidad de género para la transexualidad» (Gender Identity Clinic for Transsexualism), como siempre en la Johns Hopkins de Baltimore. Se trata de una continuación lógica de sus trabajos sobre los hermafroditas. Esta Gender Identity Clinic será el modelo de muchas otras instituciones análogas en Estados Unidos. El equipo de la Johns Hopkins reúne a cirujanos, urólogos, endocrinólogos y psiquiatras que trabajan en común en los casos que se van presentando. Money ocupa en ese equipo un puesto de profesor de «psicología médica y de pediatría» sin haber tenido una verdadera formación médica. La cuestión que se plantea es saber cómo responder a la demanda de pacientes que no se sienten bien en su sexo y que querrían pasar de un sexo al otro. Más que cuestionar las creencias de esos pacientes e intentar adaptarlos a sus cuerpos, Money y los suyos harán la hipótesis inversa, a saber, que es más cómodo transformar el cuerpo de manera que se corresponda con la identidad. Teniendo en cuenta que la identidad de género se fija a partir de los dos años, es más sencillo cambiar el cuerpo; dicho de otro modo, la conciencia cuenta más que el cuerpo. Según Janice Raymond, militante feminista y crítica acerba de lo que ella llama «el imperio transexual», este acceso al aval prestigioso de la Johns Hopkins contribuyó a «catapultar la transexualidad al rango de los problemas de orden médico a los ojos de los especialistas y del gran público», dando lugar a una especie de epidemia de «transexualidad». Mientras los casos de fuerte ambigüedad sexual en el nacimiento son rarísimos (1 de cada 100.000 todo lo más), el carácter fascinante de los «intersexos» da origen a un número inverosímil de observaciones y de publicaciones no solamente especializadas sino también para el «gran público». Como se verá, esa misma curiosidad acompaña hoy al fenómeno análogo, aunque no idéntico, de los transgénero. En aquellos años se pasará de la transexualidad como entidad particular al «fenómeno transexual» como manifestación social. La «elección del sexo» empezará a considerarse como un verdadero «derecho humano» y los transexuales se convertirán en objetos de curiosidad, a menudo malsana, no solo en el ambiente médico y quirúrgico, sino también en la cultura y en la sociedad en general. En su libro de 1979, Janice Raymond arremete directamente contra Money y su Gender Identity Clinic, que está en el mismísimo corazón de ese sistema médico, psicológico, jurídico y mediático que ha hecho popular la transexualidad. La obra de Money va a ser en este terreno «una especie de Biblia» que «ha tenido una acogida extraordinariamente favorable tanto en los ambientes universitarios como entre los profanos».

Para la feminista Janice Raymond, la transexualidad manifiesta una «expansión del imperio médico, o sea, del poder patriarcal». 32 Detrás de estas operaciones quirúrgicas que pretenden refrendar la «buena salud», hay una voluntad del «sistema médico» para «forzar a los transexuales a reinsertarse en un sistema social cuyas normas (y valores) fundamentalmente sexistas no se refutan». La cirugía de la transexualidad es «una ciencia al servicio de la ideología patriarcal de conformidad con los roles sexuales, como la reproducción planificada que busca obtener una raza de cabellos rubios y ojos azules se convierte en una supuesta ciencia al servicio de la aceptación de las normas raciales nórdicas». Según Raymond, la cirugía de la transexualidad se inscribe así en la continuidad de la clitoridectomía o de la lobotomía, catástrofes bien conocidas: «Todas esas actuaciones quirúrgicas tienen en común obtener su legitimidad terapéutica de un modelo médico que asocia con determinados órganos los problemas de comportamiento. Desde ese momento, la cirugía interviene en ellos, los extirpa y, en el caso de la transexualidad, añade otros». Y nada se dice del «inmenso dolor físico» causado por estas intervenciones. Para denunciar la tendencia de la medicina a controlar y normalizar, Raymond cita al psiquiatra libertario Thomas Szasz, cuyos libros inspiraron a Michel Foucault: «Las actividades de los médicos nazis […] no eran las aberraciones de una profesión consagrada al cuidado […] sino la expresión característica, si bien llevada al extremo, de las funciones tradicionales de la profesión médica, que no son otras que las de instrumento de control social». Además, desde su punto de visión feminista, Raymond critica la versión estereotipada del hombre y de la mujer que arrastra el «imperio transexual»; para ser merecedor de una operación de cambio de sexo, hay que transmitir una imagen acorde con una caricatura del sexo, femenino casi siempre, que se desea conseguir. En términos de transexualidad, de lo que se trata sobre todo es de «pasar» de hombre a mujer: «Las transexuales mujeres-convertidas-en-hombres-fabricados no son más que una “coartada” que permite establecer la idea falaz de que la transexualidad es un problema humano y no solamente un problema masculino». La feminista Raymond considera que la transexualidad acaba invadiendo la existencia de las mujeres, especialmente en el caso de esos transexuales convertidos en mujeres que se presentan como «lesbianas feministas». La transexualidad «coloniza el cuerpo femenino y, además, se atribuye un alma feminista».

 

EL FALLO DEL PROFESOR MONEY: LA VERDADERA HISTORIA DE DAVID REIMER

El nombre de John Money volvió a aparecer en algunos países de Europa con motivo de los debates sobre el «matrimonio para todos» y el género, pero esta vez a través de la pluma de autores muy críticos, mientras los partidarios de la teoría de género actuaban como si no lo conocieran de nada. Así, Michel Onfray sacó a relucir el caso de John/Joan y recordó algo que mucha gente ignoraba: que la historia de John/ Joan no había terminado de la manera que Money habría deseado. Lejos de eso. Porque en realidad fue un fracaso total que además terminó en tragedia. Money había ocultado este desenlace, que se descubrió gracias a un psiquiatra, viejo enemigo suyo, y luego sobre todo gracias a un reportaje de la BBC en 1980 y a un artículo en Rolling Stone en 1997. El autor del artículo, John Colapinto, escribió más tarde, en 2000, un libro apasionante, basado en numerosas entrevistas con David Reimer y los distintos protagonistas de la historia, así como en archivos muy sustanciosos. El libro, con un título bien explícito, As Nature Made Him. The Boy Who Was Raised as a Girl («Como la naturaleza lo hizo: el niño que fue educado como una niña»), tuvo un éxito extraordinario. Da la impresión de que el poder institucional de Money era tal que nadie en la comunidad médica se había atrevido hasta entonces a criticarlo. Un psiquiatra escéptico que había seguido el caso John/Joan explica que Money le «daba muchísimo miedo» y que temía las consecuencias que podía traerle a su carrera. Los médicos que hicieron el seguimiento de David después de Money no se atrevían a ponerle peros al tratamiento recomendado por el gran especialista, aunque veían con claridad que aquello no funcionaba. De hecho, leyendo el libro de Colapinto (que ni Money ni sus partidarios contradijeron jamás) uno se percata de que el joven David

Reimer siguió jugando a juegos de niño, comportándose como un chico, sintiéndose un niño. En la adolescencia le atrajeron las chicas y no aceptó todas esas tentativas de sus padres para hacer que se comportara como una niña. Cada vez se mostraba más reticente a acudir a las visitas médicas anuales a Baltimore, al departamento de Money. Hay que decir que estas consistían con frecuencia en presentar a los gemelos fotografías pornográficas o en hacerles imitar escenas de coitos heterosexuales para comprobar si habían entendido bien cuál era su sexo respectivo. La obsesión de Money era establecer, sobre todo a través de referencias etnológicas más o menos comprobables, que los niños se preparan para la cópula heterosexual «repitiendo» los gestos que han debido de ver practicar a sus padres. Caso de no haber podido asistir a esos jugueteos sexuales, Money aconsejaba proyectarles películas pornográficas a los niños. Además, David no se mostraba muy entusiasta cuando para convencerle de que se convirtiera en una niña Money le enseñaba fotos de mujeres dando a luz. Tampoco tuvo mucho éxito cuando organizó encuentros de David con transexuales male to female a fin de convencerle de cambiar definitivamente de sexo. David huyó despavorido, aterrorizado del porvenir que le aguardaba. Desde hacía tiempo se negaba a tomar la medicación hormonal que le imponían, sobre todo cuando entendió que de lo que se trataba era de hacerle cambiar de sexo; tenía el sentimiento de ser un chico y el encuentro con el transexual no arregló nada.

A medida que pasaba el tiempo y que la amenaza de una operación definitiva de construcción de un sexo femenino se aproximaba, a la edad de trece años David se negó en redondo a volver a la consulta de Money y amenazó a sus padres con suicidarse si lo obligaban a ir. Logró entonces que el tratamiento se detuviera y a ello le siguió un nuevo tratamiento a base de testosterona; también hizo que le quitaran los senos que se le habían desarrollado por el tratamiento hormonal y se hizo hacer una faloplastia. A la edad de catorce años decidió volver a llamarse David.

A pesar de estar informado de todas estas dificultades y de ser consciente de la resistencia de David al tratamiento que le imponían, Money no se planteó revisar sus hipótesis y continuó presionando al chico para intentar que cediera. Incluso después de las revelaciones de Colapinto, Money nunca reconoció que el caso en que fundamentaba sus teorías era un rotundo fracaso. Aparte de la terrible falta moral que consistió en no entender el sufrimiento de David, que se negaba rotundamente a que lo convirtieran en mujer cuando él sentía «que era un chico», Money cometió un error científico tan grave como el anterior: no haber reconocido nunca que los datos de su caso emblemático, y único, estaban trucados. Cuando publicó Man & Woman, Boy & Girl en 1972, Money ya sabía que las cosas no estaban funcionando en absoluto como él esperaba. Cuando las críticas fueron más numerosas como consecuencia de los reportajes que se hicieron eco del asunto, Money se empeñó en ver en esas críticas una conspiración de la extrema derecha y de los movimientos antifeministas. El final de la historia es aún más triste: David se suicidó en 2004. Su hermano se había hecho alcohólico, sin duda destruido en parte por la negligencia de sus padres hacia él, ya que estaban únicamente preocupados por salvar a David. El único médico que desde el principio se mostró escéptico sobre las tesis de Money fue el psiquiatra Milton Diamond. Siempre estuvo convencido de que la identidad sexual es innata e invariable y no se puede  cambiar con la educación. Basándose en estudios experimentales con roedores, Diamond aventuró que las hormonas y solo ellas son responsables de los caracteres sexuales masculino o femenino desde el estado embrionario. Enseguida había notado que el caso de David, en el que parecía haberse comprobado que la educación le había ganado la partida a la biología, era absolutamente único en toda la literatura científica. Diamond era extremadamente escéptico en cuanto a la realidad de ese caso. Cuando vio el documental de la BBC, reconoció que el caso que se presentaba en el reportaje era el de Money y publicó un anuncio en la prensa médica para intentar encontrar psiquiatras distintos de Money que hubieran tratado a David. Uno de ellos, Keith Sigmundson, le respondió y le explicó cómo David había renunciado finalmente a su tratamiento y había sufrido una operación para volver a ser el chico que nunca había dejado de ser. Diamond publicó en 1982 un artículo definitivo que hizo pedazos los argumentos de Money. El libro de Colapinto, en el que abundan los detalles sórdidos del comportamiento de Money, firmó su condena a muerte en lo que al gran público se refiere. Sin duda llevó también al cierre de la Gender Identity Clinic de la Johns Hopkins, aunque es lógico pensar que las declaraciones provocadoras de Money «en los campos de la pornografía infantil y del incesto» desempeñaron también un papel importante en este cierre. La hora de la liberación sexual en todas direcciones se había terminado, excepto para Money y sus discípulos, que continuaban imperturbables sus sex parties como colofón de sus reuniones para el estudio científico del sexo.


De “La filosofía se ha vuelto loca” de Jean Francois Braunstein


Entradas más populares de este blog

Autoginefilia, la controversia

  Entre las innumerables orientaciones sexuales que recitan los activistasde la ideología de género, no incluirán nunca a esta, la autogine - o gino- filia. En 1989 el psicólogo e investigador Ray Blanchard acuñó el concepto, (del griego αὐτό 'uno mismo', γῦνή 'mujer' y φῖλία 'amor'; 'amarse a uno mismo como mujer'), definido como «la tendencia parafílica de un hombre que se excita sexualmente por el pensamiento o imagen de sí mismo como una mujer». Con anterioridad a los estudios de Blanchard, este comportamiento era denominado «fetichismo travesti». "En 1989 acuñé el término autoginefilia de raíces griegas que significa “amor a uno mismo como mujer” y lo definí como la propensión de un hombre a ser excitado eróticamente por el pensamiento o la imagen de sí mismo como mujer." ( fuente ). El propósito de Blanchard era categorizar los tipos de transexualismo en los hombres. "A regañadientes llegué a la conclusión de que no tenía otra alter...

II ANNE FAUSTO-STERLING Y EL FIN DE LA DISTINCIÓN HOMBRE/MUJER

  Una vez que Money disoció el género del sexo, la etapa siguiente iba a consistir en manifestar que de alguna manera el género es autosuficiente y que el sexo no existe independientemente del género. De hecho, lo que los autores posfeministas le van a reprochar a Money es que admita que a pesar de todo existen sexos distintos, un sexo biológico de nacimiento para cada niño, incluso si Money consideraba que este no es esencial para la identidad de género. La media vuelta de tuerca que seguía era demostrar que es el género lo que determina el sexo.   Mi sexo será la consecuencia del género. Mi identidad sexual dependerá de mi voluntad. Esta segunda etapa queda superada primero por Anne Fausto-Sterling, que inicia la «biología posfeminista», y luego por su amiga Judith Butler. A esta última no le basta con afirmar que el sexo no tiene existencia objetiva y concluye que los cuerpos mismos, en su conjunto, no son independientes de los «discursos» que sobre ellos se const...

Nael Condell. Otro trans anti lobby

  Nael Condell es trans desde hace 18 años. Todo lo que afirma perjudica al lobby más poderoso del mundo. "Padres, esto no es una identidad. Es dependencia farmacológica". "La ley trans es nefasta ".  Nael se suma a mi lista de gente trans ética, valerosa e inteligente.  Ética porque no oye "esto te beneficia" y lo compra sin interesarse por a quién perjudica. Inteligente porque oye "esto te beneficia" y se pregunta "de verdad?" Y valeroso porque se enfrenta al lobby más poderoso del mundo, apoyado por los idiotas útiles mejor fanatizados, sino que, además, lo hace aunque esto signifique ser tachado de traidor y atacado. Aquí está su TikTok https://www.tiktok.com/@naelcondell?_t=8m3heEUokcA&_r=1 Gente inteligente, ética y valerosa que es trans, gay o lesbiana y milita contra el lobby más poderoso del mundo