...la razón de la premura y virtual consenso entre las élites dominantes, acerca de las “leyes de extensión de derechos” y este súbito “progresismo” que abarca desde el actual gobierno kirchnerista hasta el macrismo, pasando incluso por el trotskismo.
Hace rato que la burguesía argentina (hoy dividida en kirchneristas y macristas o “populistas” y “neoliberales”, según una nomenclatura más internacional) demuestra en cada una de sus acciones que no sabe qué hacer con el país, al que lleva de crisis en crisis, destrozando las condiciones de vida de las masas. Ello se ha agudizado en los últimos años. Es por eso que, sobre todo el kirchnerismo, que se pretende “de izquierda” y “popular”, se ve en figurillas a la hora de refrendar ese lugar ante el espectáculo social que su gobierno muestra: casi 50% de la población por debajo de la línea de pobreza, millones viviendo en la indigencia, una desocupación que alcanza hoy a uno de cada 3 argentinos por lo menos.
Y todas las consecuencias que de eso se derivan: casi la mitad de la población depende de alguna asignación estatal, es decir, vive, total o parcialmente, de la caridad pública. Esta es una realidad consolidada desde hace dos décadas en la Argentina y que se agudiza con cada crisis (2001-2008-2018) y, en especial, con la pandemia.
En este sentido, el problema principal con la ley de cupo laboral no es tanto a quién beneficia, ni siquiera cuán arbitrario o no sea ese beneficio, ni los abusos a los que dé lugar su formulación vaga y genérica, sino el lugar que la política de la identidad tiene en la evolución de la sociedad argentina y, en particular, de la situación de las obreras argentinas.
Mientras un puñado muy reducido de personas, probablemente, no más del 0,1% de la población total, festeja en las redes el haber resuelto todos sus problemas, más de 10 millones de mujeres viven en alguna forma de pobreza, más de 2 millones están desocupadas, decenas de miles arrastradas a la prostitución y a vidas miserables. Para ellas no hay “cupo”.
Ellas tienen que pelear en las calles por un “plan”, tienen que ocupar terrenos para plantar cuatro palos unidos con alambres y chapas para guarecer a su familia, familias en las cuales, cada vez más, en la miseria, las tienen como “cabeza de hogar”. Ante ese espectáculo, entregarle al kirchnerismo la publicidad que corresponde a un gobierno “progresista y popular”, es simple traición de clase y colaboracionismo con el patriarcado.
La comunidad trans argentina no elige colocarse en el campo de la clase obrera, sino en el de los patrones, a los que ayuda a mantener la “gobernabilidad” mediante la ilusión de la “expansión de derechos”. Cualquiera puede darse cuenta del costo, para un Estado quebrado por una burguesía parásita e inútil, de la ley de cupo trans frente a una ley de “cupo femenino”.
En ese contexto, el tuit de una Camila Sosa Villada, la aclamada estrella trans de la literatura argentina, festejando la sanción de la ley en la misma cuenta de Twitter encabezada por su fotografía en la que se cubre los pechos anunciando lo feliz que se encuentra con sus nuevos implantes mamarios, es una cachetada violenta en la cara de las mujeres pobres de mi país. Por el contrario, para los “progresistas” es un gran rédito a costa de tan magra inversión.
https://tribunafeminista.elplural.com/2021/07/poca-inversion-mucho-redito-la-ley-de-cupo-laboral-travesti-trans-en-argentina/
