Mariolina Ceriotti denuncia el daño de trasladar a los niños conceptos y teorías que no pueden comprender pero perturban su comprensión del mundo y de las relaciones personales.
"Como neuropsiquiatra infantil", explica, "he estudiado durante mucho tiempo la dinámica de la edad evolutiva y conozco su delicadeza y complejidad. Por tanto sé, porque lo he estudiado pero también por experiencia, que hablar de sexo con niños exige un conocimiento profundo de las diferencias que existen entre el adulto y el niño. Como ya subrayaba en sus textos Anna Freud [1895-1982, hija de Sigmund Freud, especializada en psicología infantil], entre niño y adulto hay diferencias cualitativas cruciales, que se hacen particularmente evidentes precisamente en la forma en la que los niños entienden la diferencia sexual y todo cuanto conciere a la vida sexual en general".
Tres razones
La doctora Ceriotii concreta tres razones por las cuales el adoctrinamiento de género que se pretende universalizar en menores puede ser gravemente dañino para ellos.
1. El niño no puede comprender el significado de la sexualidad adulta.
"El pensamiento infantil es un pensamiento concreto, realista, basado sobre la experiencia. Es un pensamiento egocéntrico, que no es capaz de imaginar lo que no puede experimentar, y por tanto construye sus propias teorías sobre la sexualidad, fuertemente resistentes a explicaciones y a la lógica adulta".
2. La sexualidad del niño es pre-genital.
"El deseo sexual tal como lo conocemos les resulta totalmente desconocido, y para él los órganos sexuales está ligados inseparablemente con las funciones excretoras. Justo por ello, el contacto precoz con la sexualidad de los adultos es para el niño una experimencia muy perturbadora: el sexo adulto le descoloca y al mismo tiempo le asusta y le confunde, creando a menudo experiencias de tipo traumático, como sabe por ejemplo cualquiera que trabaje con niños expuestos a la pornografía".
3. La mente del niño necesita orden.
"Orientarse en la complejidad es tarea de los adultos, que puede hacerse más fácilmente cuando se parte de bases seguras. Pero justo por la concreción de su pensamiento, nada es para el niño más seguro y verificable que la experiencia de su propio cuerpo tal como se presenta, que es solo como masculino o femenino, fácilmente distinguibiles por los atributos genitales. Hombres y mujeres que son diferentes, y cuya diferencia tiene como finalidad la posibilidad de engendrar. Por ello, presentar la sexualidad como una experiencia subjetiva y como un continuum fluido que escapa a toda definición corre el riesgo de ser para él solo una fuente de ansiedad y preocupación: si no puede aferrarse a la realidad de lo que percibe, el mundo se convierte en un lugar donde orientarse con seguridad es mucho más difícil".
Por estos tres motivos, la doctora Ceriotti considera que antes de introducir protocolos educativos sobre la identidad de género habría que escuchar a quienes "no se resignan a seguir atajos apresurados y peligrosos".