Una vez que Money disoció el género del sexo, la etapa siguiente iba a consistir en manifestar que de alguna manera el género es autosuficiente y que el sexo no existe independientemente del género. De hecho, lo que los autores posfeministas le van a reprochar a Money es que admita que a pesar de todo existen sexos distintos, un sexo biológico de nacimiento para cada niño, incluso si Money consideraba que este no es esencial para la identidad de género. La media vuelta de tuerca que seguía era demostrar que es el género lo que determina el sexo. Mi sexo será la consecuencia del género. Mi identidad sexual dependerá de mi voluntad. Esta segunda etapa queda superada primero por Anne Fausto-Sterling, que inicia la «biología posfeminista», y luego por su amiga Judith Butler. A esta última no le basta con afirmar que el sexo no tiene existencia objetiva y concluye que los cuerpos mismos, en su conjunto, no son independientes de los «discursos» que sobre ellos se const...