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Parar esta locura total y absoluta

 


Tengo 77 años.

De niño sentía que debí tener un género distinto, y a los cuatro años mi abuela me ayudó a cambiar de género, me hizo un vestido de fiesta violeta. Creo que lo que hizo mi abuela, afirmarme, fue lo peor que pudo haber hecho. Aumenta el problema, confirma esa idea de que hay algo malo en cómo eres. La llamo “la semilla de la disforia de género”. Esa idea jugaba en mi mente a cada momento del día, era como una radio que me decía que nací en el cuerpo erróneo.

Habría sido maravilloso que mi abuela me hubiera sentado y me hubiera dicho “Eres un niño muy guapo, no necesitas cambiar de género”. Pero no pasó eso, ni está sucediendo ahora. Era 1944, no había información. Estaba solo.

Durante mi adolescencia me disfrazaba como chica en secreto. Yo no conocía a nadie que fuese transgénero.

Cuando la primera mujer transexual apareció pensé “Esto es posible”.

Salí adelante, me casé, tuve hijos. Yo no era homosexual. Y pensé que esos sentimientos desaparecerían si me casaba, pero no fue así.

Tuve una carrera muy exitosa, yo era uno de los diseñadores de las misiones Apollo. Después fui uno de los ejecutivos principales de Honda. Pero no podía resolver el problema al que me enfrentaba. Empecé a beber alcohol porque no sabía cómo

Necesitamos más historias que se opongan. Que cuenten experiencias diversas.

Finalmente fui a la clínica del Dr. Paul Walker. Escribió el primer protocolo de cuidado que se convirtió en wpad. Él escribió esas guías, era el presidente. Era 1981, en San Francisco, era el mayor experto. Yo tenía suficiente dinero como para poder ir al mejor. Confié en él. Me dijo “Estás sufriendo un trastorno de identidad de género”. Me dijo que esto cambiaría a “disforia de género” y me dijo que el tratamiento eran hormonas, terapia hormonal y una reasignación de sexo mediante cirugía. Y me dijo “hay un período de espera de dos años para ver si estás preparado para ese procedimiento”. Pasé por esos dos años de espera, seguía teniendo problemas, y esa era la solución, la respuesta, la forma de curar mi disforia: Mutilar partes de mi cuerpo y llenarme de hormonas.

Eso me iba a curar, a arreglar, mi mundo iba a ser perfecto.

Me divorcié de mi mujer y en 1983.


La conferencia aquí.


Pasé por el quirófano. El Dr. Walker ya había hecho 3.000 reasignaciones de sexo en Trinidad, Colorado. Me convertí en Lauren Jensen. Trabajé en seguros para el gobierno federal. Tenía un buen trabajo. Empecé a estudiar psicología, nunca había leído sobre psicología, y me quedó muy claro que este era un problema psicológico que no se puede tratar con terapias médicas. Nadie parecía haberse dado cuenta, pero a mí me parecía bastante claro. Y todavía estamos tratando esta situación como si fuera un problema médico.

Y hoy no existe ningún criterio objetivo para el diagnóstico de disforia de género, es algo que uno se diagnostica a uno mismo. El médico no puede sino creerse lo que el paciente le dice. Y lo que sabemos hoy es que el procedimiento fracasó.

Tuve que revertir tras ocho años. Me di cuenta de que era una locura, de que era categóricamente imposible cambiar el sexo biológico. Podemos lograr un aspecto distinto, y engañar a la gente.

He estudiado mucho, he escrito cinco libros, investigo mucho. Y cuando empecé a ver lo que sucedía, vi las tres personas que lo empezaron en EEUU. Kensey, Benjamin y el Dr. … y ¿saben qué? Estas tres personas eran activistas pedófilos. Ellos lideraron la campaña para defender la barbarie de que a la gente había que mutilarla y llenarla de hormonas.

Es una barbarie, es como Frankenstein. Cortar trozos de carne y tratar de identificarlos en un género distinto. Dicen que soy demasiado duro ¿y cómo de duro es mutilar a alguien? ¿Mentir diciéndole a  la gente que puede cambiar de sexo? Perdí a mi familia, a mis hijos.

 

En la primera clínica que Benjamin tenía, había una activista lgtb, Charles L XX. En una reunión en Tapa Nueva York les dijo a sus colegas. Hace casi 40 años “Quiero avisarles sobre las hormonas, llevo 6 años trabajando con Benjamin y he administrado terapia de hormonas a 500 transgéneros que han pasado por la operación de cambio de sexo. Y he concluido que como consecuencia para ayudarles a cambiar de género hay demasiada infelicidad, y demasiados terminan suicidándose. Voy a parar de dar hormonas y voy a empezar a dar tratamiento psiquiátrico, las hormonas y cirugías no son un tratamiento eficaz”.

En 2004 The Guardian publicó un informe de la Universidad de Birmingham. Cien estudios sobre las consecuencias de la cirugía y terapia hormonal. Titular: “Las operaciones de reasignación de sexo no son eficaces”

(Se refiere a: The Guardian Universidad de Birmingham. Cien estudios sobre las consecuencias de la cirugía y terapia hormonal. Titular: “Las operaciones de reasignación de sexo no son eficaces” Ver: https://www.theguardian.com/society/2004/jul/30/health.mentalhealth)

La gente está traumatizada y comete suicidio tras la operación.

Pero lo seguimos haciendo. La gente me escribe, no debí haberme hecho el cambio de sexo, fue el mayor error de mi vida.

No sale nada bueno de esto, a largo plazo. Puede ser que a corto plazo se sientan mejor. Al principio hablan de éxito.

A los 5 o 15 años es otra la historia, pero a esas voces no se le da prensa, se las silencia.  A mí me llevó 15 años admitir que me había equivocado. De esto no sale nada bueno. Estamos arruinando la vida de la gente. Cosas horribles, mutilando, llenándolas de hormonas.

Estoy aquí para decirles que esto arruinó mi vida, y sigo hablando porque constantemente me escribe gente diciendo que necesita ayuda. De todo el mundo. Y hago lo que puedo para ayudarles a darse cuenta de que algunas cosas no se pueden arreglar.

Los gobiernos están gastando dinero en cambiar los cuerpos de la gente, y van a gastar dinero en volver a ponerles las partes cuando quieran que las devuelvan. ¿Y van a pagarles a las familias con niños que se suicidaron porque el gobierno cometió un error al decirles que necesitaban un nuevo sexo?

Demasiada infelicidad y suicidios porque no funciona. No es eficaz. Si las tasas de suicidio bajasen, yo me callaría. Los jóvenes de entre 12 y 2 están intentando suicidarse en una tasa de entre el 12 y el 15%.

Si hubiese otros tratamientos médicos por los que el 40% de la gente que los recibe se intenta suicidar ¿Qué piensan ustedes que pasaría?

Esos tratamientos se interrumpirían. Y en este caso no lo hacen ¿Por qué? Porque es político.

No es real. En esto no hay nada real. Y aun así seguimos escuchando las mismas voces. Tenemos que empezar a ser eficaces a la hora de parar esta locura total y absoluta.  

 

 

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