La inKlusión
Néstor Kirchner asumió la
presidencia en 2003[1],
y desde entonces el kirchnerismo se presentó como la alternativa a la exclusión
neoliberal, apareciendo como concepto central de su narrativa el concepto de
“inclusión”. “Vengo a proponerles un sueño, el de volver a tener una Argentina
con todos y para todos[2]”. Esa inclusión se realizaría, según el
discurso presidencial, en el terreno económico, con la superación de la pobreza
y “El desarrollo y el crecimiento económico del país, y la generación de nuevos
puestos de trabajo.” Hoy, en un contexto de notoria exclusión económica, con el
40% de la población bajo la línea de pobreza[3], el
kirchnerismo insiste en presentarse como eficaz aliado del excluido y el
vulnerable. ¿Cómo? Por medio de una narrativa que gira alrededor de
reivindicaciones simbólicas, en el orden de la cultura.
En detrimento de los indicadores
económicos, el oficialismo aparece, en su propia narrativa, como el garante de
la inclusión, el progreso y la justicia social. Según su discurso autorreferencial,
sus políticas demuestran... “la vigencia de los proyectos nacionales y
populares inclusivos para los sectores más vulnerables.” (Ministerio de
Desarrollo Social 2014).[4] Las reivindicaciones “históricas” que el
Estado otorga a los grupos oprimidos, vulnerados y desfavorecidos que hábilmente
elige y circunscribe (minorías), serían los indicadores de que el Estado es
eficiente aliado y defensor de los desfavorecidos. Esos grupos son los indígenas
y las minorías LGBTIQ+. Mientras reivindica su condición de “sujetos de
derecho”, diseña sus reivindicaciones, “capacita” a sus representados, los apadrina,
sanciona una legislación, y celebra con ellos tanto éxito, avances y
reivindicaciones históricos.
Populismo
El populismo en América Latina funciona.
Y un partido populista, que obtiene adhesión en tanto adalid del “pueblo”,
tiene varios desafíos: Se tiene que vender como el que llega a cuestionar la
dominación social y, al mismo tiempo, enmarcarse en el capitalismo (menudo desafío).
En los marcos del desarrollo
capitalista, los populismos se enfrentan un problema básico: su legitimación se
basa en que son los cuestionadores de la dominación social, mientras que, en el
marco del capitalismo, las fuerzas que dirigen el crecimiento son los
capitalistas, y para evitar el colapso se necesita promover la activación
económica y la inversión extranjera directa y los flujos internacionales de
capital. Los empresarios esperan rentabilidad, desregulación de los mercados y
apertura externa comercial y financiera. Esas políticas aumentan la presión
competitiva, que los empresarios trasladan a los trabajadores.
En la actualidad, la concentración
del capital y la interpenetración de capital nacional y extranjero, hace a la burguesía
prácticamente invulnerable. Entonces ¿Qué vender?
Considerando que se tiene que aglutinar
sectores muy heterogéneos.
¿Cómo se hace? Con varias técnicas:
A través de la figura del líder, garante que promete convertir al Estado en
instrumento de liberación de los desfavorecidos y excluidos, y cultivando un
discurso maniqueo dual, donde el sujeto popular aparece en contraposición a un
enemigo todopoderoso. Es el pueblo vs. El anti pueblo, la patria vs. La antipatria.
El enemigo resulta indispensable para crear unidad en un grupo heterogéneo.
Diseñar el enemigo del pueblo, el
sujeto de reivindicación y la causa
El kirchnerismo, en una situación de
recesión y desocupación ¿A quién movilizar en tanto grupo popular? ¿A los
obreros? ¿Cuáles? ¿De qué demandas apropiarse, para reivindicarlas? ¿El acceso
al trabajo, siendo el partido gobernante, y por eso el responsable de la marcha
de la economía? ¿Fomentar demandas laborales, con semejante exclusión y
desocupación?
El kirchnerismo no puede resolver
el estancamiento económico de la Argentina, el país depende del endeudamiento y
de la impresión de billetes que fomentan una hiperinflación que se acelera
mientras el efector multiplicador keynesiano brilla por su ausencia. Mudarse al
ámbito de la cultura es una movida ineludible.
MOVILIZACIÓN SUBVERSIVA
¿En qué nicho realizar la ansiada subversión
de una estructura de distribución del poder prexistente (Pérez 2007) que el populista
promete a sus seguidores? ¿Cómo realizar el radicalismo que entusiasma a la
juventud? ¿Qué conquistas ofrecer a una clase media en proceso de
pauperización?
Respuestas: “Derechos sexuales y reproductivos”.
No incorporar, sino crear demandas sociales
que se pueden responder con una medida legislativa.
Crear identidades constituidas
fuera del campo de las identificaciones clasistas.
Para el 40% de la población
argentina que vive en la exclusión, empatizar con las causas de los designados como
excluidos, no puede resultar difícil. Y, tras veinte años de marketing
kirchnerista dominando la escena mediática, toda persona progresista de buena
voluntad ha comprado el “argumento ad misericordiam” que afirma que la única
cuestión en juego aquí es la noble e importante labor de acabar con la opresión
de la mujer y de las minorías sexuales, por lo que sólo un monstruo se opondría
a “los derechos de las minorías sexuales”, “los avances en materia de derechos
de los sectores LGBTIQ+” (sin percatarse de la fatal colisión de derechos
¡entre esos dos mismos grupos! Que las feministas están denunciando). “Intentan
detener avances sociales en materia de derechos sexuales y reproductivos”
(Queda claro que esa insistente analogía espacial: “hacia adelante” es la más
inadecuada para definir la dirección hacia la que el kirchnerismo dirige esos asuntos).
Las estrategias demagógicas
requieren vehiculizar y excitar sentimientos y anhelos primitivos e
irracionales en las masas.
Y en esta oportunidad esto se lleva
a cabo a través de una narrativa, según la cual
existe una “lucha” “histórica”, en la cual el individuo “oprimido” por
oscuras fuerzas “enemigas” y “poderosas” que insisten en “oprimirlo”,
“excluirlo” y “discriminarlo” se rebela, heroicamente, para llevar a cabo una
“lucha histórica” (fast food para la psiquis narcisista). Entonces el Estado
nacional llega, heroicamente, a su rescate, a posicionarse como garante y
defensor de este desfavorecido. Ninguna persona de bien que observa esta
histórica contienda puede dudar, ni un segundo, acerca de cuál es el partido
que debe tomar. Por imperativo moral –Debe- Prestar “apoyo incondicional” al
designado como víctima, frágil y vulnerado. Y, por supuesto, por añadidura, a
su defensor, el Estado nacional, o sea al partido que está en el poder.
Paradójicamente –este asunto está
plagado de contradicciones- en esta heroica lucha de David contra Goliat, del
paria contra el sistema, las draconianas medidas de los Estados nacionales y de
los organismos internacionales, más todo el aparato de la industria cultural, y
las empresas multinacionales respaldan implacablemente a las víctimas heroicas
oprimidas y desempoderadas ¿Nadie sospecha de este fenómeno incoherente? Hay
fortunas incalculables financiando esta campaña “de” y “para” los parias del
sistema, en todo el mundo ¿Para favorecer a los oprimidos? Y por la libertad
humana. (La campaña de invasión a Irak se llamó “Operación Libertad”).
De ahí la insistencia en el
“orgullo” y el “valor” y la celebración de las “reivindicaciones” en esta lucha
del paria respaldado por el Estado y la industria cultural. Esta lucha por la
“inclusión” también es la del “progreso” y el “avance” contra el “retroceso”,
la de la “opresión” contra la “libertad”, y la de la “civilización” contra la
“barbarie oscurantista”.
Gracias a este relato, en un
contexto de desigualdad y exclusión pornográficas se puede celebrar,
paradójicamente, el triunfo de la inclusión.
Gracias a la cuestión de género, y haciendo uso de mucha propaganda, en un
contexto de estancamiento económico se puede celebrar el “progreso” y los
“avances”. Pero no a secas: “históricos”.
En síntesis, manipulación,
cristalina. Un individuo frustrado puede, gracias a esta narrativa, celebrar
“victorias”, y un marginado formar parte de un “colectivo”.