Se hable los grandes líderes populistas como Perón Mussolini
Kirchner Chávez o Getúlio vargas coinciden en tomar una parte de la población y
volverla el enemigo interno, que, junto con el enemigo externo se convierten en
lo que los populistas llaman “anti pueblo”.
Entonces, por un lado está el pueblo y por otro lado está el
anti pueblo. En cada discurso el populista busca insertar odio en la sociedad,
hacer que el pueblo odie al anti pueblo.
El anti pueblo puede tomar diferentes formas, externas o internas,
la oligarquía, la plutocracia, los yankees, los españoles conquistadores, los
empresarios locales, en fin. El pueblo, en cambio, es un cúmulo de todas las
virtudes de una sociedad. El pueblo es honrado, es desinteresado y el pueblo
nunca se equivoca. Siempre escoge el mejor líder.
Con esta dicotomía el populista logra insertar odio en la sociedad,
y, una vez así, logra que la parte del pueblo se enamore de él, le perdone
todos los nuevos actos de corrupción, cambios de constitución, falta de
justicia, porque, supuestamente, todo lo que el populista hace es en nombre del
pueblo, y cualquier cosa que vaya mal siempre es culpa del antipueblo.
Todo esto se refuerza con actos de adoctrinamiento masivo en
los programas de radio, de televisión, redes sociales y también en el sistema
educativo.
Todo líder populista busca amalgamar los tres poderes, el
ejecutivo el congreso y el judicial para tener todo el poder y gobernar con una
sola mano.
El programa populista se completa con la idea de satisfacer ciertas necesidades sociales y publicitar las de tal manera que el líder es quien cura las injusticias en la sociedad. Así incrementan el gasto público, multiplican el empleo estatal, suben las dádivas, los subsidios y las bolsas de comida, y, para poder financiar todas esas cosas que te regalan, y que te dicen que son gratis, mentiras, nada es gratis, todo viene pagado de algo, entonces los populistas tienen que hacer otra cosa, tienen que aumentar los impuestos, aumentar la deuda pública y aumentar la inflación, que se come el ahorro de los pobres.
El aumento de los gastos del Estado nunca les alcanza y los
servicios y las prestaciones a los ciudadanos cada vez son más pobres. El
programa populista incrementa el consumo, desincentiva la inversión, el sector productivo
continúa siendo expoliado, hasta que el dinero se acaba. La economía entonces
entra en estanflación, y los gobiernos desesperados empiezan a tomar otras
medidas: Controles de precios, controles de tarifas, controles a las importaciones
y exportaciones del país, hasta que llega un punto donde la economía colapsa,
como está sucediendo en Venezuela y en Argentina.
Por supuesto, la culpa nunca es del populista, y, cuando las cosas empiezan a ir mal, el populista empieza a culpar a los enemigos externos e internos que previamente se inventó. La culpa es del FMI, del Banco Mundial, de los yankees o los cipayos oligárquicos que nunca quieren colaborar y, mientras en el resto del mundo dos tercios de la población dejan de vivir en pobreza, en los países populistas la pobreza sigue aumentando. El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica.