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Las muñecas de plástico son mujeres (mujeres plas)

 



La gente puede tener una identidad de género que no coincida con su sexo biológico, y tiene derecho a vivir según esa identidad.

Una persona puede sentir disconfort con su sexo biológico, con su realidad física. Eso es la disforia de género, lo contrario a euforia. Y está establecido por ley que las personas tienen derecho a vivir según su identidad de género. Pero la “identidad de género” de una persona, una realidad psíquica, no cancela una realidad fáctica, biológica.

Una persona puede tener la identidad de género de un hombre, o de mujer, o no binarie, y también tiene un cuerpo y un sexo. El sexo es una realidad biológica no cancelada por una declaración de intenciones.

Los nobles activistas que saben para qué lado es el progreso de la humanidad han establecido que la bondad consiste en pretender todos que la realidad fáctica, el sexo biológico, no existe, y que no la percibimos, a fines de salvaguardar la integridad psíquica de las personas con disforia, porque esta realidad las afecta.

Estas buenas personas afirman que una persona que necesita someterse a cirugías mayores por razones psicológicas, está psicológicamente sana. Sencillamente su mente no coincide con su cuerpo (nació en el cuerpo equivocado). No interesa si algo es verdad o no. Hasta la muerte vamos a defender que esa persona está psicológicamente sana: Hay que despatologizarla. Somos tan buenos que vamos a tomar a esa persona, la sometemos a cirugía mayor y la convertimos en un paciente crónico que va a consumir hormonas artificiales de por vida para adquirir la apariencia de alguien del sexo opuesto. Y nosotros somos sus amigos, quienes procuramos su bien, y quienes la despatologizamos. A través de la intervención quirúrgica y la medicalización crónica, con un montón de efectos nocivos, la dejamos estéril y la despatologizamos.

Todo mamífero nace macho o hembra, todo ser humano es hombre o es mujer. Aunque hayamos llegado a un punto de locura humana en que decir esto es un crimen porque produce dolor psíquico.

Viene un hombre con disforia de género, tiene identidad de género femenina, por ejemplo. Yo, por amabilidad, por humanidad, por solidaridad, por buena voluntad, y también por coerción, porque, si no, voy presa, lo voy a tratar como psicológicamente necesita ser tratado. “Como si” fuera una mujer. No según lo que percibo: que es un hombre, sino como sé que esa persona necesita ser tratada para sentir que es mirada como psicológicamente necesita ser mirada. No hay problema. Ninguna dificultad. Se hace. Nadie quiere hacer sufrir a otro ser humano, al contrario.

Pero tratar a un hombre “como si fuera” mujer no lo convierte en mujer. Sigue siendo un hombre, es una realidad biológica, es un hecho.

Y en esa escena en que trato a ese hombre como a una mujer hay dos personas, no una, sino dos personas que saben que es un hombre: Él y yo. Los dos sabemos que es un hombre.

Antes de que el transactivismo la acorralara, lo publicaba la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría:

“El DSM-IV establece que la insistencia por parte del individuo de ser del otro sexo no debe ser considerada delirante, ya que lo que realmente se valora es el sentirse del otro sexo y no la creencia de pertenecer a él”[1].

O sea que la Asociación Española de neuropsiquiatría publicaba que no puedo considerar delirante a ese hombre porque se siente, no se cree, que es del otro sexo. O sea que no delira en tanto SABE que no es del otro sexo. Lo que sabe que se siente y quiere ser (Por eso sufre).

“Se sienten (hombre o mujer), pero no se ven como tal, necesitan verse para sentirse y que los demás también los vean. Todo su esfuerzo va a ir orientado a que los demás los vean como ellos se sienten.”[2]

A una persona con disforia se la trata como necesita, psicológicamente, ser tratada. Pero “Ser tratado como si fueras” no significa que seas.

A mí me puede afectar mucho que me digas que soy mal pianista, pero, aunque me des un trofeo, sigo sin saber tocar el piano.

Te voy a tratar como a una mujer. Ni vos ni yo creemos que lo sos. Ni tampoco lo cree la persona noble y buena que le ha declarado la guerra a todo aquel que cuando ve a un hombre biológico ve a un hombre biológico. Ese noble paladín también ve a un hombre, o, en el otro caso, delira.

Tiene psicosis.

Los nobles paladines se creen que tienen el derecho y la obligación moral de imponer a todxs una psicosis colectiva. La suya es una demanda sicotizante y perversa, porque acorralan y amenazan a todos con el castigo, el ostracismo y la condena social: el que no se someta a la doctrina es tránsfobo, victimario y discriminador. Nadie debe dejar traslucir su percepción de la realidad, todo el mundo debe fingir y pretender, y más le vale que actúe bien, que no se le escape un “él” que fracturaría la ilusión tan noblemente cocreada.

 


Alguien me tortura con un telar de aire

 El Estado, los nobles paladines, los transactivistas, demandan actuar pretendiendo que se percibe algo diferente a lo que se percibe en realidad, o sea, que no estoy ante un hombre que se siente mujer, por ejemplo, sino ante una mujer. Debo manifestar que miro a esa persona, independientemente de mi experiencia, como esa persona necesita ser mirada. Pero sé la verdad, y él también. Por eso no deliramos. El delirio es el juicio no influido por la realidad.

Si digo que soy Napoleón, o Jesucristo, deliro. James Tilly Matthews creía que había sido torturado con un «air loom» (un «telar de aire»), por motivos políticos. Deliraba.

El británico Tom Peters, más conocido como “El hombre dálmata”, que pide ser reconocido como el primer humano transespecie del planeta, delira. Porque no es un perro, como afirma, sino un ser humano. Así lo afirma el psiquiatra Darío Quimbay: “Es un delirio. Un delirio afecta la percepción de la realidad, de lo que una persona está convencida.” [3].

Antes de que el queer comenzara a utilizarlas como escudo humano, antes de la instrumentalización política de la disforia de género, las personas con disforia de género no se creían del otro sexo. Sabían de qué sexo habían nacido. No estaban psicóticas, no veían pene y testículos, barba, y se decían “soy una mujer”, sino “quiero” “necesito” ser mujer. Y sufrían mucho. Pero ahora hemos solucionado su problema:

Sencillamente cambiamos el significado de la palabra

El único problema es que “mujer” era un término mal definido. Ahora mujer es un sentimiento. Fin. Te solucioné el problema.

Si tomo un limón y digo que es un auto, y me dices “no es un auto” yo, que leí a Judith Butler te contesto “¿Quién eres tú para definir qué es un auto? ¿Qué esencia debe tener un limón para ser auto, según tu definición fascista? Eres un biologicista”. Y listo, me solucioné  un problema. Un limón pasa a ser un auto.

 

Las muñecas de plástico son mujeres

 

Lars y una chica de verdad - Película 2007. Lars se enamora de una muñeca tamaño humano, y la considera su novia, sale y todo el mundo le sigue el juego, todo muy solidario, muy lindo, todo el mundo entra a simular que participa de su delirio.

Pero simulan.

Esa muñeca no es una mujer. Las necesidades psicológicas de Lars no convierten a la muñeca en mujer, y si todos gritaran al unísono “es una mujer”, esa cosa seguiría siendo una muñeca de plástico. Si lincharan al que lo dijera, la muñeca no se movería.

¿Qué esencia debe tener una muñeca para ser mujer? Eres un biologicista.

Se podría acusar de delito de odio al que constate un hecho, y eso no cambiaría la realidad.

Si yo estableciera por ley que las muñecas de plástico declaradas mujeres por sus parejas son mujeres, y les imprimiera un DNI, continuarían siendo muñecas de plástico. Y si yo acusara de delito de odio a quien se atreviera a afirmar algo distinto, y lograra crear un noble movimiento social contra los plasfóbicos, continuaría siendo una muñeca de plástico.

A ver porque ¿Qué otra cosa sino el ODIO podría motivar a alguien a oponerse a tan noble empresa?

Y si yo criminalizara a esos criminales, y Twitter los censurara, continuaría siendo una muñeca de plástico. Y si yo enseñara en las universidades que “las muñecas de plástico son mujeres”, y pusiera carteles en la vía pública, continuarían siendo muñecas de plástico.

El hecho de que Lars sufriría muchísimo si alguien le dijera la verdad, no cambia en nada el hecho fáctico de que la muñeca no es una mujer.

Los nobles paladines que aman a Lars están dispuestos a sacrificar no sólo su principio de realidad, sino el de todos sus conciudadanos, para proteger a Lars de esa cosa tan nefasta, dolorosa y terrible llamada realidad. Pero ellos también saben, mal que les pese, y no lo reconocerían nunca, que es una muñeca.

Por coerción los nobles paladines van a imponer que es una mujer. Pueden mandar a la cárcel a sus opositores, y, sin embargo, no se mueve. Es una muñeca. Y está bien que los manden a la cárcel porque lo único que les impide ceder ante esta noble exigencia es el odio.

Odian a la muñeca.

No es que odian la mentira, la psicosis colectiva, la imbecilidad humana, el fanatismo oscurantista, no, odian a Lars y a la muñeca.

Sexo y género no son sinónimos.

Identidad de género no cancela sexo. Por eso si meto a un hombre que se declara mujer en una cárcel para mujeres acabo con dos compañeras de celda embarazadas.

Género y sexo son dos cosas distintas.

Y Lars necesita un psiquiatra. Aunque yo criminalice a los psiquiatras que intenten tratar a Lars, no le estoy haciendo ningún bien.

No soy su aliade.

Porque Lars no me interesa. Sólo es alguien funcional en mi guerra cultural.

 

"Se llama ideas delirantes... a los juicios patológicamente falseados, ...no influibles por la experiencia" (Jaspers). [4]

 

Psicosis es un término genérico utilizado en psicoanálisis y psiquiatría para referirse a un estado mental descrito como una escisión o pérdida de contacto con la realidad. A las personas que lo padecen se las denomina psicóticas. (No confundir con psicopatía. El término «psicótico» es a menudo confundido por el término psicópata, un trastorno de la personalidad sin relación alguna a la psicosis). Las personas que experimentan psicosis pueden presentar alucinaciones o delirios y pueden exhibir cambios en su personalidad y pensamiento desorganizado.

 https://es.wikipedia.org/wiki/Psicosis

 



[1] https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352012000100008

[2] Mismo artículo.

[3] https://latinamericanpost.com/28638-trans-species-what-it-is-and-what-would-happen-if-you-are-recognized-as-one

[4] https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-92272000000100006&script=sci_arttext

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