-Falsa dicotomía: Se presentan dos puntos de vista como los únicos posibles. Se omiten alternativas razonables, por error o de forma intencional.
Compra esto u odias a las personas lgtb. Comprá esto o
quieres que maten a los trans en las calles. Quieres su sufrimiento y que se
suiciden.
-Sofisma
patético: Apela al pathos (la emoción) y
no al logos (la razón). Apela a nuestra piedad/solidaridad/lealtad hacia los
oprimidos/minorías. Como si aludir al
sufrimiento de alguien garantizara que todo diagnóstico, política o relato que
se pretende imponer son infalibles. Es la principal arma del demagogo. “¿No
quiere disminuir el sufrimiento de X?”
Represento
a los más vulnerables, no me puedes cuestionar o los atacas a ellos. Comprá
esto o victimizas a las “disidencias”. Comprá esto o colaboras en el asesinato
y suicido de las disidencias.
-Etiquetado: El vituperio, en criollo. Si no compras esto sos
sexista, intolerante,
misógino, homofóbico, transfóbico, transhistérico, androcéntrico, privilegiado,
de extrema derecha, cishetero, fundamentalista religioso… portador de un discurso de ODIO, y un largo etcétera.
-Ad hominem: Atacar a la persona, y no a su argumento.
“Sos igual o peor que Hitler”.
-Subjetivemas: Usar palabras cargadas de emoción:
Veneno, crimen
de odio. Transfobia.
-Ad Nauseam: Se reitera prolongadamente un argumento. Se
incita a una discusión superflua para cansar y escapar de una discusión lógica.
(Reiteran todo lo anterior).
-Argumento ad baculum: Implica sostener la validez de un argumento basándose en la fuerza, en la amenaza o en el abuso de la posición propia; el argumentante se ve forzado a admitir la validez de la falacia para evitar las consecuencias negativas de no hacerlo.