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Nadie nace en el cuerpo equivocado La psicología más allá de la ideología


Marino Pérez Álvarez (Ese de Calleras, Asturias, 1952) es psicólogo Especialista en Psicología Clínica, Catedrático de Psicología de la Universidad de Oviedo (hasta septiembre de 2022) y miembro de la Academia de Psicología de España.

Desgrabación del video:

Tenemos que referirnos al concepto de ROGD, de la dra. Littman, la disforia de género de inicio rápido, cuando una chica, en la mayoría de los casos, repentinamente muestra una firme voluntad de masculinizarse, de hacer una transición social y médica.

Este fenómeno se inscribe en el queer, o ideología transgénero, una amalgama de activismo político y filosofía posmoderna, que se basa en un descrédito de la razón, de la verdad y del conocimiento científico, y en su  lugar abraza el subjetivismo y el constructivismo lingüístico. 

El activismo consiste en una particular justicia social basada en los sentimientos de las personas, no en los derechos universales. Este lobby queer o transgénero es muy poderoso, tanto como para influir en las instituciones educativas, sanitarias, en el lenguaje, creando una nueva lengua para referirse a todo lo relacionado con sexo y género.

Y con todo este poder institucional, crea un modo de pensar sin pensar, un pensamiento por defecto, porque esta cosa buena y  bondadosa no se puede discutir, quien lo hace falta el respeto y lesiona los derechos humanos.

Esta ideología tiene dos implicaciones prácticas: Echa por tierra los logros del feminismo.

Redefine el sexo,  no existe el sexo binario, no existe la mujer como sujeto corpóreo. 

La disforia de género de inicio rápido afecta a la  infancia y a la adolescencia, a la que me voy a referir. 

Y esta ideología promueve la terapia afirmativa, que no está basada en la evidencia.

Se asume que es la única opción aceptable, cuando hay pruebas, en los últimos tempos, que en muchos casos no es adecuada. Puede serlo. Pero desde luego no es la única opción aceptable para resolver los problemas de disforia de género.

Las intervenciones quirúrgicas y farmacológicas no son inocuas, producen cambios a menudo irreversibles, y no resuelven los problemas para los cuales se habían aplicado.

La transición social, que parece buena cosa, e inocua, cambiar de nombre, de look, de pronombre, nos parece muy aceptable, tampoco es inocuo. Tiene sus consecuencias. En los contextos clínicos está funcionando la política oficial de la terapia positiva. 

Implica un tratamiento psicosocial a la par de los aspectos biomédicos a los que pueda llevar. 

Realizada a edades tempranas suele ir seguida del bloqueo de la pubertad, a la que casi siempre sigue la hormonación cruzada y la cirugía, aunque no la emprenden todos los casos.

O sea, que funciona como una cinta transportadora

Inadvertidamente, siendo corteseses y respetuosos, es una psicoterapia silvestre, el cuidado afirmativo, el validar los aspectos que trae nuestro consultante.

Y se la toma, a la terapia afirmativa, como la única opción aceptable.

Puede ser precipitada e insatisfactoria y  no resolver los problemas. El sentimiento de disforia se toma como evidencia de apoyar la disforia hacia la transición, funciona como un autodiagnóstico, los médicos no podrían más que aceptar el autodiagnóstico. Las consecuencias son transiciones precipitadas, y en los últimos años nos encontramos con personas arrepentidas de haber seguido ese proceso de transición, y que quieren DETRANSICIONAR.

Un fenómeno nuevo que aparece como resultado de esta terapia afirmativa.

Los detransicionistas no han resuelto el problema por el cual iniciaron la transición, y se han convertido en pacientes crónicos. Eran sanos al principio, y ahora son crónicos, de por vida, que siempre van a necesitar tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas complementarias o reparadoras de las anteriores. 

Y ahora ya  no tienen ese apoyo, ese aliento, que han recibido para la transición, del activismo, de las redes sociales, de las prácticas ya institucionalizadas, como héroes. Ahora se convierten en traidores y quedan sin esos apoyos entusiastas. 

Se organizan en grupos de autoayuda (datransvoices.org) ofrecemos los grupos de autoayuda en nuestro próximo artículo, los que quedan en la calle. Los padres también se organizan en grupos de autoayuda porque para ellos no hay ayuda escolar, sanitaria, ni de otro tipo. 

Como la organización xx de madres e hijos con disforia, que se oponen a estas intervenciones quirúrgicas, son loso damnificados los que se tienen que organizar. El activismo transgénero minimiza este fenómeno

Afirman que apenas ocurre, lo cual no es verdad, está minimizado. También niegan diciendo que si se arrepienten no eran "verdaderos transgéneros", faltando el respeto al sufrimiento que genera la detransición, y es una tautología, redefinir por las consecuencias lo que estaría ocurriendo al principio.

La ROGD fue definida en 2018, es un fenómeno reciente. No sólo fue detectado por la autora citada, sino observado por distintos autores en Europa, Canadá, EEUU. Esto no ocurre en todo el mundo de forma homogénea.

Este fenómeno es un problema sanitario, científico y ético. 


Entonces ¿Qué hacer en lugar de la terapia afirmativa, que no resuelve el problema del todo ni para todos? ¿Qué tendrían que hacer los clínicos, psicología, psiquiatría?

Debería hacer lo que hace en todos los demás problemas clínicos que atiende: Diagnosticar, analizar,  evaluar, esperar y ver, un principio de la prudencia en clínica, tratar de entender el fenómeno, no asumir el diagnóstico que el consultante te trae de casa. Observar cómo evoluciona el problema presentado.
Y ESTO ESTÁ PROHIBIDO.
Hacer lo que los clínicos hacen en todos los demás casos está prohibido en casos de disforia. Sólo la terapia afirmativa se acepta y todo lo demás es considerado terapia de aversión. Hasta la década del 70 se aplicaba una terapia de conversión para convertir la homosexualidad, y todo lo que no es terapia afirmativa es asimilado a esto. Cuando no hay psicólogos que apliquen esto. Peor se utiliza la terminología para descalificar toda terapia no afirmativa.
El riesgo de ser acusado de aplicar terapia de conversión es de ser vituperados, como transfóbicos.
El dilema los enfrenta a quedarse observando esa terapia afirmativa, asistir a ese experimento, porque es lo que es, es un experimento en marcha, no está basado en experimentos anteriores con suficientes garantías, metodológicas, de control y de seguimiento. Esta terapia  no tiene esos estudios. Da cuenta del alivio inmediato a la disforia. A mediano y largo plazo, más allá de 3 y 4 años ya no mide la magnitud del efecto de estas terapias.

Los clínicos están muy preocupados por esta exclusión de lo que se hace, para la disforia en todos los demás casos. Los menores no reciben, en caso de disforia de género, la atención que reciben en cualquier otro caso.
Y han escrito un manifiesto reclamando la atención psicológica antes de ser comparsa de la terapia afirmativa.


¿Qué pasaría si no se aplicara la terapia afirmativa? 


Cuando no se aplica, la disforia remite. Emergen otros malestares que estaban encubiertos por la disforia de género. Muchas veces un problema de homosexualidad, que por fin se asume y reconoce, la chica que es lesbiana y el chico que es gay. Una homosexualidad no asumida.

U otros problemas psicológicos derivados de experiencias traumáticas, dentro del espectro autista. En un 60 y90% de los casos,  según los estudios, emergen estos problemas, que son los que necesitaban se  reconocidos y atendidos.

La disforia de género continua a largo plazo, de forma continuada, y eso se debe a la introducción de la transición social, que no s inocua, ese tratamiento psicosocial que mete a la persona a la cinta transportadora hacia el bloqueo hormonal y cirugías, que tan entusiastamente promueven ciertos sectores.

No estoy poniendo en duda la experiencia real de disforia y el sufrimiento que implica, estoy planteando cómo ha llegado a ser real, que es lo que está impedido de ser analizado bajo pena de acusación de terapia de aversión, por "el derecho a la autodeterminación de género" con base en el sentimiento. 


Sin prejuzgar que la terapia afirmativa es el remedio universal. No pongo en duda las buenas intenciones del activismo, que, de forma entusiasta, promueve la transición en base a esos supuestos del sentimiento como evidencia de un estado natural que e expresa. Sólo que las buenas intenciones no garantizan que lleven a hacer las mejores cosas que ayuden a las personas.

La idea de definirse por lo que uno siente y declara puede parecer una idea progresista y liberadora, pero es retrógrada y opresora. 
Es retrógrada porque reintroduce los estereotipos sexuales cuando se suponía que se tenían que superar, en la línea del feminismo, y resulta que ahora definen una posible disforia de género.

Los protocolos observan que una niña a la que le gusta jugar al fútbol y se preocupa poco por los pendientes no vaya a ser un chico. Y en el centro escolar y familiar se abre un protocolo a ver y suponer que es un chico. Los estereotipos sexuales están reintroducidos de una forma retrógrada y rancia.

La disforia de género reintroduce el dualismo alma/cuerpo. La identidad de género es un sentimiento que supuestamente revela una identidad preexistente, innata, como el alma. Es el dualismo alma/cuerpo. La identidad de género es la verdadera identidad y entidad de la persona y es el cuerpo lo que habría que reajustar para ajustarlo a ella. Vuelve a patologizar un problema que supuestamente el activismo queer afirma que la identidad de género no es un trastorno psicológico es un malestar y un sufrimiento que no se debe patologizar.

Un malestar no es una enfermedad, en eso estamos de acuerdo. Pero el activismo queer, promoviendo la terapia afirmativa, una intervención sobre el cuerpo, fármaco quirúrgica, es la quintaesencia de la patologización de la disforia, un problema, que era un problema pero no una enfermedad.


Y desde lo político, el feminismo está en contra de este borrado de las mujeres.

Y es opresora porque  impone la terapia afirmativa. Apresura el proceso de transición, hasta  parece preparado para evitar que se resuelva solo, y alguien pensaría que está convirtiendo a personas sanas en pacientes crónicos.

Impone una neolengua, una expresión injustificada por la evidencia, la ciencia y el sentido común. Ejemplo el sexo es asignado al nacer. El sexo no se asigna: se constata. Con una fiabilidad y validez del 99,8%.

El término mujer se evita con una cantidad de circunloquios para no asumir que la mujer es mujer porque ser mujer sería un sentimiento, que puede tener cualquier persona, como un hombre.

Impone sanciones a quienes hablen de esta temática, todo lo que yo vengo diciendo sería transfobia. Y esto es una forma de impedir hablar, aún de forma razonada y fundada. Es una prohibición.

Se asume que es una cuestión de derechos humanos, por eso no se puede discutir, pero el activismo queer usa "derechos humanos" como una estrategia para paralizar a otras personas que quisieran habla de esta problemática.

Se ha descubierto en documentos del activismo que se recomienda la referencia a los derechos humanos.

Y los derechos humanos, que vienen de la ilustración, se refieren a todas las personas humanas independiente de raza, sexo, género o ninguna característica.

Y como si cuando hablamos de los detransiciones no hablamos de sus derechos y del apoyo que necesitan.

Se usa también el chantaje. Los chicos aprenden esa estrategia de "si no me apoyas no me quieres". "Si  no apoyas esto me voy a suicidar".

Es opresora porque impide el debate, porque cuando pueden los activistas cancelan conferencias, actos, en los que se hablaría de esta temática. 

La psicología debe tener claro, si trata de hacer valer sus conocimientos y prácticas profesionales se enfrenta a esto.

La terapia afirmativa, yo la consideraría la ÚLTIMA opción.

Forma parte de los estándares de la psicología ante cualquier problema, anteponiéndose otras instancias que aquí son desacreditados como terapia de conversión-




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