Autolesiones, bullying, odio a su cuerpo, en las redes los promotores de la ideología le aseguraban que su problema era que no era una mujer, sino un hombre atrapado en el cuerpo equivocado, y le ofrecían la receta feliz: hormonación cruzada y mutilación de pechos y útero.
Amelia pasó años obsesionada con la idea de que su sufrimiento emocional se acabaría con cirugías y cambios de nombre. Hoy milita contra la ideología con la esperanza de evitar que más adolescentes con problemas psicológicos transiten por la misma locura.