Estos tratamientos hormonales usualmente se realizan a los once años de edad, y son seguidos de hormonación para transicionar al sexo opuesto. El desarrollo cerebral normal en la pubertad depende de hormonas sexuales. Esta interrupción de la pubertad afecta el desarrollo de los huesos, y gónadas y gametos no se desarrollan. Dejan a estos niños estériles. Como cuando estos tratamientos se interrumpen la pubertad continúa, sus defensores afirman que no tienen ninguna consecuencia a largo plazo. Sin embargo, no hay estudios que respalden esa afirmación.
Recientemente se ha descubierto que inflaman el cerebro y pueden provocar ceguera https://antigeneros.blogspot.com/2022/09/ninos-ciegos-y-con-tumor-cerebral-si.html
El uso temporal del Lupron (inhibidor que impide la pubertad) se ha asociado con efectos colaterales como: osteosporosis, desórdenes del estado de ánimo, convulsiones y discapacidad cognitiva.
El órgano que más se desarrolla durante la pubertad es el cerebro.
Hormonación cruzada u hormonas de cambio de sexo (estrógeno para los hombres y testosterona para las mujeres). Causan esterilidad.
A las mujeres se les da testosterona que multiplica por 10 o 40 la testosterona del organismo femenino normal.
Los esteroides anabólicos son versiones sintéticas (artificiales) de testosterona, y sus efectos colaterales incluyen manía, hipomanía, depresión mayor y entre 3.4 a 12% de aumento de riesgo de desarrollar síntomas psicóticos. El estrógeno impacta en el humor de diferentes maneras. Mujeres en la post menopausia tratadas con ellos experimentan a menudo ansiedad severa, aún recibiendo dosis de la hormona equivalentes a las fisiológicas. A los hombres se les da dosis mayores.
Se puede afirmar que la administración de estrógeno oral en niños los pone en riesgo de trombosis y tromboembolismo, enfermedad cardiovascular, aumento de peso, presión arterial alta, hipertrigliceridemia, baja tolerancia a la glucosa, prolactinoma y cáncer de mama. Chicas que reciben testosterona aumentan su riesgo en aumento de triglicéridos, elevados niveles de homocisteína, hepatotoxicidad, policitemia, apnea de sueño, Resistencia a la insulina, sin efectos conocidos en mamas, ovarios y endometrio.
No existe ni un solo estudio a largo plazo y controlado que documente los supuestos beneficios y los daños potenciales de estos tratamientos. Hablamos de la promoción de décadas de uso de esteroides sintéticos tóxicos, sin ningún estudio controlado y a largo plazo al respecto. Y no hay estudios que comparen los resultados de realizar tratamientos psicológicos con los resultados de esos tratamientos físicos en la calidad de vida de las personas con disforia de género.
Porque toda intervención psicológica orientada a que la persona alivie su disforia sin recurrir a estos peligrosos tratamientos se considera "terapia de conversión".
"La disforia de género no es un problema que reside en el cuerpo, sino en la mente. Si un niño se siente una niña no hay ningún problema con su cuerpo. Si su pubertad lo atormenta, esa pubertad no debe ser tratada como una enfermedad a ser curada, porque la pubertad no es una enfermedad. En nuestra opinión, son muy sospechosas las políticas que incitan a los menores a iniciarse en el camino de la “transición” médica. Ni las hormonas ni las innecesarias cirugías se han probado seguras a largo plazo, y representan un riesgo significativo para las personas. Hoy hay, en Estados Unidos, 40 clínicas que promueven el uso de hormonas para suprimir la pubertad y para transicionar al otro sexo. En 2014 eran 24. (Colegio Americano de pediatras) https://acpeds.org/position-statements/gender-dysphoria-in-children
El argumento que esgrimen es que la supresión de la pubertad permite a los niños con disforia explorar su identidad de género libres del estrés que genera la aparición de las características sexuales secundarias. Estas clínicas afirman seguir procedimientos estándar basados en opiniones expertas.
Sin embargo, hay intereses económicos en juego, los tratamientos hormonales para la transición de género son un negocio altamente lucrativo. Hay una industria transgénero. En 2017, AbbVie, que produce Lupron, declaró que las ventas del medicamento sumaron 669 millones de dólares solo en Estados Unidos. El Dr. Michael Laidlaw, endocrinólogo de California y especialista en disforia de género infantil, dijo: “El Lupron cuesta mensualmente 775 dólares. Eso es un ‘botón de pausa’ de 27.000 dólares a los 5 años. Multiplica esto junto con el enorme aumento de casos documentados u observados en las naciones occidentales y obtendrás una gran ganancia”.
El mayor proveedor de servicios reproductivos del EEUU es el gigante corporativo Planned Parenthood, y también es el principal proveedor de hormonas para el cambio de sexo. Esta organización es conocida por tener un brazo político con el que financia, a través del globo, campañas que impulsan políticas afines a sus intereses.
La Dra. Ximena Lopez, endocrinóloga pediátrica en el centro médico de Dallas, y miembro de organizaciones como “GENder Education and Care“ y “Genecis“, afirma que hay un rápido aumento de los tratamientos de transición, que se están realizando en función de la demanda de los padres, que aparecen en los consultorios de los pediatras porque saben que este tratamiento está disponible, no porque la comunidad científica ha concluido que es lo mejor para los niños y adolescentes basándose en evidencia.
Mientras que entre un 80% y un 95% de niños con disforia se vuelve a identificar con su sexo biológico al llegar la pubertad si no se interviene, casi el 100% de los niños que acuden a estas clínicas acaba hormonado. Ciertamente, mientras sus pares entran en la pubertad y se convierten en jóvenes mujeres y hombres, estos niños acaban psicosocialmente aislados, ciertamente no podrán identificarse como ninguno de los dos sexos. Este protocolo no es neutral, sino que fomenta la identificación transgénero. Y, ya identificada como transgénero, la persona depende de por vida de hormonas sintéticas, y esto ni es reversible, ni es inofensivo.
El Colegio Americano de Pediatras recomienda un cese inmediato de estas intervenciones. La ética demanda un cese de toda intervención hormonal y quirúrgica en menores .