
¿Cuántos ciegos hay en la Argentina? ¿Quién sabe? ¿A quién le importa? ¿Dónde están las campañas para su "inclusión"? ¿Cuándo se los "visibiliza"? ¿Dónde están las leyes, las reformas, y los planes de estudio que los favorezcan? ¿Se enseña a los docentes a incluirlos? Los ciegos ¿No forman parte de la diversidad, no? ¿No es una identidad ser ciego? ¿No es el núcleo esencial de un ser humano su condición visual?
La respuesta es No. A todo.
¿Por qué?
Los ciegos no le importan a nadie porque no le sirven a la
izquierda para obtener rédito político. No sirven para deslegitimar, y, con
suerte, criminalizar, a la oposición: los conservadores y las religiones.
Sexo mata Dios. Se ha declarado al sexo el as de espadas. El
núcleo terrestre. La cuadratura del círculo. La clave de la realización personal y el núcleo esencial de la identidad. El sexo es el sucesor del alma humana. A un
ser humano lo definen dos cosas: Su identidad y su orientación sexual. El alfa
y el Omega. ¿Por qué?
Porque las religiones establecen límites para la conducta
sexual. Para eso la reivindicación ad nauseam de la homosexualidad "las
orientaciones sexuales diversas" y las "identidades sexuales ".
Sirve para demostrar que las religiones son sistemas de opresión. No son
buenas. No sirven a la gente: La oprimen. Las orientaciones e identidades sexuales
"disidentes" son estigmatizadas por culpa obra y gracia de la
religión, y ahí está la prueba de que la religión es malvada y hace el mal al
ser humano.
La religión Odia. Porta “discursos odiantes”.
La religión molesta, hoy más que nunca, porque limita conductas.
Una persona religiosa no hace lo que se le dan la gana en
cuanto al sexo, -ni en cuanto a nada-. Las relaciones sexuales quedan acotadas
al matrimonio entre un hombre y una mujer. Simple. Así de sencillo.
Y molesta. Al que quiere hacer lo que se le dan sus reales
ganas en cuanto al sexo, y con muchas otras conductas, le jode. Esa persona
tiene que ignorar la religión. Tiene sus prioridades y su derecho a vivir como decida.
A la religión no hay que imponérsela a nadie. Pero, como dice Judith Butler al
principio de “El género en disputa”, dice que ella va a continuar insistiendo
en que su vida sexual es legítima.
Es lesbiana.
Y no demanda el derecho a acostarse con otra mujer o con
quien quiera. No es suficiente. Esa
insistencia en que su vida sexual es legítima incumbe a la conciencia de los
demás. ¿Para quién tiene que ser legítima tu vida sexual? ¿Para vos, o para el
otro?
Que otro piense que tu vida sexual No es legítima ¿Te oprime, no? Aunque ese otro piense que ni su propia vida sexual es, o sería,
legítima salvo que cumpliera con los mandatos de su religión. Que tiene que
practicar el celibato o casarse, por ejemplo.
Es el otro el que tiene que pensar que tu vida sexual es legítima, no?. No es que se meta en tu cama, sino que tienes derecho a meterte en su cabeza.
Judith, madre de la psicotizante teoría queer, ha dedicado su vida a trabajar sobre la mente del otre.
La interpela cualquier código de conducta que diga que no.
La atacan.
A las religiones hay que silenciarlas e invisibilizarlas
porque atacan a las “disidencias”. La gente religiosa no tiene derecho a
expresarse, ni a educar a sus hijos, no son la diversidad, y la realidad es que
para la izquierda atea las religiones no tienen derecho a existir.
En nombre de la diversidad.
A la religión no hay que imponérsela a nadie.
El Corán, por ejemplo, lo reitera unas sesenta veces (si no
me creen vean AQUÍ).
El que quiera alejarse de la religión, que se aleje, hay que dejarlo, nadie es custodio de esa persona, sino que es Dios quien se va a encontrar con ella, en el más allá cuando
llegue el momento.
Y dice algo más, algo muuuy sabio: "Al que ha hecho de
sus pasiones su Dios" nadie va a reformarlo.
Es imposible. No intentes convencerlo. Porque no le importan una miércoles las razones, porque está defendiendo su comportamiento, un comportamiento
que le da placer. Esa persona va a ser impermeable. Ha establecido su prioridad:
su propio placer, y no habrá razón humana que la persuada de nada que no le convenga.
Por eso el aborto, por ejemplo. A nadie le importa un bledo cuándo
empieza la vida humana, si el feto es un ser humano o una cosa, o si abortar es
asesinar bebés, porque lo que se está defendiendo es el propio derecho a tener
sexo de manera irresponsable.
A cualquier precio.
Sexo mata Dios. Sexo mata todo.
Es el as de espadas.
Al que elige ser esclavo de su deseo nadie podrá guiarlo Corán, 25-44.
Las religiones establecen para sus fieles códigos de
conducta. Para que los fieles se los apliquen a ellos mismos. El que no sea de
esa religión que haga lo que le dé la gana. Y que sea coherente con lo que se
lava la boca, que es la promoción de la diversidad, y se banque las creencias
ajenas.
Pero un devoto del alcohol, la promiscuidad sexual y el
casino puede afirmar que el que piensa que no hace bien lo odia, y que los otros portan un discurso de odio en
su contra.
Parecerían debates nuevos, pero son debates viejos, muy
antiguos. Ya en la antigua Grecia los cínicos postulaban que los perros eran
sus modelos y referentes, y que tenían derecho a hacer caca en las plazas, y en
donde se les diera la gana, así como de mantener relaciones sexuales en las
veredas. Que la liberación de los instintos era la clave para la evolución
humana y la realización personal.
Desde entonces se enfrentan con aquellos a quienes
consideran dementes: Los que creen que vale la pena mil veces regular la propia
conducta, sujetar los deseos y pasiones. Que el sexo No es el núcleo de la
identidad ni de la realización personal, ni el eje de la vida humana.
Y, finalmente, los hijos no son de los padres. Esa frase está
incompleta. Termina así: “...sino de los reclutadores”.
¿Y qué tienen que ver los ciegos con todo esto?
Que se estima -porque nadie se ha molestado en averiguarlo- nadie lo preguntó en el último censo, pero se estima que en la Argentina hay el mismo número de ciegos que de personas que se declararon por fuera del binarismo sexual en el último censo.