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El sujeto político del queer

 

¿Quién es el sujeto político del lobby lgbt?

¿El sujeto es “el colectivo lgbt”? ¿“Las chicas travestis en las calles”? ¿O ése es sólo el escudo humano de un lobby poderoso?

Este tema es fundamental, porque, hay un sujeto/discurso/corriente políticos, que algunos llaman ideología woke, otros ideología queer, otros posmomarxismo, o ideología de género, que se presenta a sí mismo como una sacralidad intocable, silenciando a toda oposición en base a dos premisas: 

1-Equivale/representa a los intereses de las personas lgbt, vulnerables, vulneradas, excluidas y outsiders.

2-Quien lo interpele odia a esas personas, quiere su mal, asesinato, suicidio, discriminación y sufrimiento.

Esas premisas sitúan, de modo muy conveniente, a todo crítico como “aquel que odia” “el que quiere el mal de” “el inmoral” y el malvado. Como lo indica la Dra. Binetti (Doctora en Filosofía, Magíster en Estudios de las Mujeres y de Género, e Investigadora Adjunta del CONICET aquí).

"Se apela a la sensiblería, la condición de víctima y el chantaje emocional para evitar toda discusión racional".

“Una cosa son las personas, sus realidades y reclamos, otra cosa son los relatos postmodernos que pretender dar cuenta de aquellos”. La dra. Binetti también nos explica que el queer emplea un astuto chantaje disuasorio para silenciar a la oposición política y, al mismo tiempo, se agencia aliados ofreciendo a los adherentes el beneficio de la superioridad moral. Todo discurso que interpela al lobby porta un “discurso de odio”, así como el adherente acrítico porta el del “amor”. 

El apoyo creciente y acrítico a este lobby se basa en un sofisma patético (aparte de en un financiamiento faraónico). Cuestionar una política, argumentación, legislación, diagnóstico o análisis, equivale a atacar a una persona gay o trans, o a “las disidencias”.

En cuanto a esto, dos cuestiones: 

a) Nadie eligió al lobby lgbt como representante de las personas de determinada orientación sexual o identidad sexual, y cada vez más personas y grupos gays y trans salen a posicionarse por fuera, y críticamente, en contra de ese lobby (ver aquí), así como lo hace todo el feminismo, con exclusión del transfeminismo queer. Mi sexo, orientación sexual o identidad sexual no me convierte en rehén de la arbitrariedad de toda política, político o grupo que se erija en mi representante para obtener rédito político. Sería un ejercicio de honestidad que un adherente al queer hablara diciendo “represento a quienes se identifican con esta corriente política” y no “quienes me retrucan atacan a las personas lgbt”.

b) Hay varios actores involucrados en el lobby lgbt, y ninguno de los tres es ultravulnerable, como este sujeto político caracteriza incansablemente a su escudo humano, la población “disidente” en cuanto a identidad y orientación sexual. Cada uno de estos grupos tiene su cuota de poder y sus intereses: El kirchnerismo (con los recursos y el poder del Estado), la izquierda y el capital transnacional.

El kirchnerismo: En el gobierno desde 2003, el kirchnerismo es un partido populista, si definimos esto como un partido que busca respaldo en los sectores populares con un discurso de “soy el que va a incluir” “soy el que va a traer justicia social”, aunque en el marco de una economía capitalista (menudo brete). Tras casi 20 años en el gobierno, y sin haber logrado la inclusión que en los primeros discursos de Néstor Kirchner se realizaría en lo económico, el discurso K se ha mudado, de manera muy conveniente, a lo cultural, y capitaliza conquistas simbólicas. Señala grupos vulnerados específicos y minoritarios, y metas específicas que puede pretender alcanzar con alguna medida legislativa. Toma la medida legislativa correspondiente y gracias a esto puede salir a celebrarse a sí mismo como adalid de la inclusión y los desfavorecidos, y regodearse en sus “conquistas históricas”, independientemente de la masa de desempleados y pobres que está dejando a su paso. Dicho todo esto, el Estado argentino no es ningún ente impersonal. Es el aparato de propaganda popukirchnerista, que capitaliza las causas indigenista (mapuche), de la memoria selectiva, aborto y género.

La izquierda. La izquierda también, de manera conveniente, se ha mudado al nicho de la cultura, metamorfoseada en progresismo, y aliada al Estado kirchnerista y el capital transnacional. Una verdad que la izquierda tiene necesidad psicológica de negar hasta la muerte, ya que el producto que la izquierda vende es la disidencia, la rebeldía y la lucha contra el poder, al que se ha prostituido. Pues la realidad es que la agenda progresista de la izquierda, la del Estado y la que financian los hombres más ricos del mundo y apoyan sus corporaciones big tech e industria cultural, es la misma. Hoy la izquierda vende el mismo producto que Disney y Nike. Tan atroz y lamentable como verdadero y difícil de digerir. 

Antes de entregarse a los brazos de estos nobles y zurdos paladines, la gente debería recordar la Unión Soviética de Iósif Stalin, la República Popular China, la Corea del Norte de la Dinastía Kim, la Cuba de Fidel Castro, el estado actual de Venezuela y otras dictaduras comunistas que aparecieron después de la Segunda Guerra Mundial, todas fundadas en grandes promesas de un reseteo cultural, humano y político. Y especialmente el maoísmo, de Mao Zedong, que iba a resetear la cultura para establecer el paraíso en la tierra, y  disciplinó a la población china para la instauración de la actual dictadura (aquí).

Gracias a su camuflaje “equivalgo a las personas lgbt” los partidarios de la izquierda hoy pueden lanzar acusaciones de “transfobia” a cualquiera que cuestione el posmomarxismo, mientras lo que sí no existe, convenientemente, es la cristianofobia intrínseca de la izquierda. Corriente política intrínsecamente anticlerical y anticristiana, en su ciega defensa del queer simula que no se percata de que los conservadores y religiones quedan, convenientemente, criminalizados,  sólo son un daño colateral al paso del queer. La izquierda, que equivale a su escudo humano lgbt, no tiene ninguna intencionalidad de capitalizar los intereses de su grupo protegido para llevar a cabo su propia agenda y criminalizar a su oposición política.

-El capital transnacional. La big tech, la industria cultural y las fundaciones subvencionan la agenda progresista. (Ver aquí, queer y poder y dinero) ¿Por qué? El discurso woke es tan beneficioso que sus aportes al poder transnacional son varios:

Estas causas sucesivas relativas a lo sexual crean un enemigo, causas, conquistas, fricciones, opositores, batallas y triunfos. Agitar la campanita por aquí mientras consolidan su feudo por allá. Dar sensación de cambio y movimiento, de avances y progreso, mientras los únicos que progresan son los dueños del mundo y la miseria. Las personas de a pie nos enfrentamos entre nosotras por la cuestión de si las mujeres tienen pene, una feminista va a juicio por afirmar que un hombre no puede ser lesbiana (aquí), para olvidar nuestra impotencia ante el neofeudalismo del metacapitalismo.

Criminalizar toda corriente política, filosófica y religiosa bajo cargos de no ser queer implica un reseteo de la cultura. Limpia la hoja para poder instaurar un discurso único a nivel mundial. 

-Sobran el informe Kissinger (aquí), el discurso de David Rockefeller (aquí), o la historia de Planned Parenthood (aquí), nuestra élite económicopolítica es malthusiana. Los multibillonarios dueños del mundo, mientras más acaparan los recursos más se convencen de que el origen de la pobreza es que hay que repartir esos recursos entre demasiadas personas, y para solucionar la pobreza la receta es disminuir el número de pobres. No sacándolos de la pobreza sino evitando que se materialicen, o sea, que nazcan. 

Estos héroes de nuestro tiempo han decidido utilizar su poder económico para dar forma al mundo a la imagen de su propia cosmovisión personal, y, causalmente, sus causas favoritas contribuyen a la despoblación: aborto, género y eutanasia.

Los filántropos ofrecen a las masas libertad, felicidad y realización personal/sexuales. Son los aliados de la liberación sexual. Esta gente es dueña del planeta pero el poder económico y político les cayó en las manos, nunca buscaron el poder. Sus intereses son que los seres humanos se realicen en la dimensión sexual, no apropiarse y administrar los recursos, ni aumenta ni consolidar su poder económico y político.


“Soy las chicas travestis que caminan en las esquinas”. 

FALSO. 

Piedra libre para la izquierda, el kirchnerismo y el capital transnacional.



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